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40 años del terremoto que sacudió CDMX: “Más que edificios, nunca olvidaré los gritos de la gente”. 🌆💔

#GabinoLezama, arquitecto, recuerda como si fuera ayer el #terremoto de magnitud 8,1 que azotó la #CiudadDeMéxico la mañana del 19 de #septiembre de 1985, a las 07:19. Para él, lo más impactante no fueron los edificios colapsados, sino los gritos aterrados de la gente.

“Cuando empezó a temblar, estaba a punto de salir de casa. Sentí un empujón brutal y escuché cómo tronaba todo, como si las casas se golpearan entre sí. Mi abuela gritaba ‘¡Jesús bendito!’ y mis hermanas también”, recuerda Lezama.

En ese entonces, era jefe de supervisión de obras civiles en la alcaldía Benito Juárez, y apenas entendió lo que pasaba, salió a la calle. No había celulares ni redes sociales, el teléfono dejó de funcionar, y ver tanta gente desesperada buscando comunicarse era desconcertante. “Había un mar de personas caminando por todos lados, muchos sin transporte y asustados, igual que yo”.

Lezama tomó su cámara Instamatic de 110 mm y comenzó a documentar la devastación en la demarcación: edificios colapsados, calles vacías, fugas de gas y gente atrapada entre escombros. “Era como una ciudad bombardeada. Más que los edificios, los gritos de la gente me impactaron”.

Durante semanas, él y su equipo organizaron brigadas de emergencia, registrando daños, canalizando ayuda y coordinando voluntarios. Muchos vecinos ayudaban, otros solo cuidaban sus cosas, pero la solidaridad fue evidente: restaurantes y empresas donaban comida, y la ciudadanía se unió para rescatar sobrevivientes.

El terremoto dejó lecciones importantes para la ingeniería en México. Se descubrió que los edificios colapsaban formando arcos, debido al comportamiento del subsuelo y a la falta de refuerzo estructural. Esto llevó a aumentar los cálculos de carga en los códigos de construcción, ayudando a que en 2017 los daños fueran menores, aunque el miedo a las réplicas seguía latente.

“Al día siguiente del sismo hubo una réplica de 7,5. Para muchos fue más aterradora que el sismo original. La oscuridad y el miedo se sentían en el aire. La gente dormía en la calle bajo la lluvia y revisábamos fugas de gas toda la noche”, recuerda Gabino.

Pero también hubo engaños y rapiña. Algunos edificios de lujo colapsados fueron saqueados, coches y cajas fuertes desaparecieron, y la ayuda oficial muchas veces llegó tarde o fue mínima. “Como decía Octavio Paz, los políticos en México ven su puesto como un patrimonio. Ahí lo vi con mis propios ojos”.

El olor a cadáveres, que quedó en su memoria semanas después, es algo que nunca se olvida. “No era un olor de una persona, eran muchas. Por eso sospecho que hubo más víctimas de las que el gobierno reconoció oficialmente”, comenta Lezama.

Para él, la experiencia quedó registrada como una cápsula del tiempo: fotos, periódicos y revistas que documentan un momento que marcó a toda una ciudad. “Fue un aprendizaje doloroso, pero también mostró que cuando la gente se une, puede hacer la diferencia”.

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Autor Redacción Amaneciendo

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