La inflación general anual en junio se moderó a 4.32 %, desde el 4.42 % reportado en mayo, según datos del Inegi. Aunque parece un alivio, esta cifra sigue fuera del rango meta del Banco de México, y el peso sigue sintiendo el efecto.

En términos mensuales los precios aumentaron 0.28 %, valor que refleja una desaceleración ligera, pero que revela que los alimentos y tarifas aún presionan al consumidor. El índice subyacente, más relevante por su estabilidad, subió a 4.24 %, su nivel más alto desde abril de 2024.
La baja de precios en frutas, verduras y energéticos funcionó como amortiguador, pero el encarecimiento persistente en vivienda, transporte aéreo, taquerías y carne siguió elevando el índice general. La inflación en los servicios alcanzó 4.62 %, mostrando dónde realmente reside el problema.
El retroceso en la inflación general no se debe a una política fiscal sólida, sino al comportamiento de los precios volátiles. La subyacente, más clara en señales, se mantiene en alza, lo que mantiene bajo presión a Banxico para no relajar agresivamente su ajuste monetario.
A fin de junio, el Banco de México redujo su tasa de interés clave en 50 puntos base al 8 %, pero suavizó su pronóstico de más recortes seguidos. Esta señal de moderación sugiere que la política monetaria será más cautelosa hacia adelante.
Aunque la tasa anual retrocedió ligeramente, el panorama no permite celebración. La economía mexicana sigue en desaceleración, el crecimiento se tambalea y la inflación subyacente domina el escenario. Las cifras optimistas ocultan una realidad dura: los precios siguen ganando terreno y el modelo económico no encuentra salida clara del atasco.
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