El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, entregó oficialmente a Donald Trump una carta nominándolo para el Premio Nobel de la Paz como reconocimiento a su papel en los Acuerdos de Abraham y su intervención en la guerra relámpago entre Israel e Irán.

Netanyahu alabó su liderazgo al señalar que Trump está forjando la paz simultáneamente en diferentes frentes —desde Medio Oriente hasta tensiones globales— y lo presentó ante el comité noruego como un diplomático transformador.
La nominación acentúa la militarización de la diplomacia: elogios a Trump por dirigir ataques sobre objetivos nucleares iraníes fueron presentados como actos de paz. La guerra de 12 días se celebró como victoria estratégica.
Este respaldo se suma a otras nominaciones recientes, incluyendo una propuesta desde Pakistán y congresistas estadounidenses que resaltaron su influencia en desacelerar conflictos entre India y Pakistán.
Críticos internacionales califican la propuesta como una maniobra propagandística: pundits en Al Jazeera describieron que nominar a un líder vinculado a escaladas militares y devastación en Gaza raya en lo surrealista.
El gesto refuerza la alianza personal entre Netanyahu y Trump, elevando a Estados Unidos como pilar del nuevo orden regional que Israel propone. Alrededor, las tensiones diplomáticas y el debate sobre justicia internacional cobran nueva intensidad.
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