Red Bull Racing confirma el despido inmediato de Christian Horner tras 20 años al mando. Laurent Mekies, líder del equipo filial Racing Bulls, asume como nuevo director general en un movimiento que marca el cierre de una etapa dorada para la escudería.

La decisión llega en medio de una crisis interna: tras perder el campeonato de constructores ante McLaren en 2024 y caer al tercer lugar este año, el equipo enfrentó fallas mecánicas, salidas técnicas clave y el abandono de figuras como Adrian Newey y Rob Marshall. Red Bull ya no es la fuerza imparable del pasado.
Horner fue una pieza clave en el dominio global de Red Bull, pero la pérdida de confiabilidad del RB21 y el rumor permanente sobre el futuro de Max Verstappen —quien tiene cláusulas contractuales que le permitirían romper antes con el equipo— profundizaron la incertidumbre.
La plantilla de Red Bull vive un ambiente tenso: fuentes internas describen una atmósfera cargada donde cada aparición de Horner o Helmut Marko generaba nerviosismo. Verstappen, líder indiscutible, ya no es suficiente para enmascarar las deficiencias estructurales.
Ahora Red Bull apuesta por un nuevo comienzo: dejar atrás la era Horner, lanzar su propio motor en alianza con Ford en 2026 y construir una nueva maquinaria para competir en un entorno reglamentario radicalmente diferente. La transición será decisiva.
El legado queda marcado: éxitos inimaginables que terminaron opacados por una temporada en descenso. El adiós de Horner revela que los ciclos dominantes pueden quebrarse y que sin liderazgo técnico intacto, ni confianza interna, ni estrella segura como Verstappen, incluso los gigantes pueden caer.
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