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#Ovidio Guzmán se rinde en #Chicago y expone la decadencia del Cártel de Sinaloa

El 11 de julio, Ovidio Guzmán López, alias El Ratón e hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, se declaró culpable ante la jueza federal Sharon Coleman en Chicago, convirtiéndose en el primer miembro de los llamados Chapitos en admitir públicamente su responsabilidad por delitos de narcotráfico, asesinato, secuestro y corrupción relacionados con el liderazgo del Cártel de Sinaloa. A sus 35 años, enfrenta cadena perpetua, aunque evitará la pena de muerte.

La admisión de Ovidio se basa en dos acusaciones presentadas en Nueva York y Chicago. Los fiscales estadounidenses lo señalan como una figura clave en la reorganización del cártel tras la captura de su padre en 2016. Según las autoridades, junto con sus hermanos, Ovidio dirigió el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos, sustancia que provocó cerca de 200 muertes diarias en 2023 y que ha sido el centro de la ofensiva antidrogas de Washington.

El proceso judicial, sin embargo, tiene una historia previa marcada por errores del gobierno mexicano. En octubre de 2019, Ovidio fue detenido en Culiacán, pero el operativo fracasó cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió liberarlo tras una violenta reacción del Cártel de Sinaloa que paralizó la ciudad. Ese episodio, conocido como el primer Culiacanazo, fue un golpe a la imagen de autoridad del Estado mexicano y reveló el nivel de control que aún ejerce el crimen organizado.

La captura definitiva ocurrió el 5 de enero de 2023 durante el Culiacanazo 2.0, una nueva batalla en Sinaloa que dejó múltiples muertos y mostró, nuevamente, la fragilidad del aparato de seguridad federal. En septiembre de ese año, Ovidio fue extraditado a Estados Unidos, cerrando un capítulo que inició con una decisión presidencial que hasta hoy sigue generando críticas y dudas sobre la estrategia de seguridad de la Cuarta Transformación.

El caso también se conecta con la entrega de su hermano Joaquín Guzmán López, alias El Güero, y de Ismael El Mayo Zambada, en julio de 2024. La versión oficial indica que Zambada fue llevado por la fuerza a territorio estadounidense, donde ambos se declararon inocentes. La Fiscalía aseguró que no buscará la pena de muerte para Joaquín, mientras Zambada intenta negociar su condena.

La guerra interna que desató esta entrega ha dejado un saldo estimado de 1,500 muertos en Sinaloa, resultado del enfrentamiento entre las facciones de los Chapitos y las de El Mayo. A pesar de las capturas, el Cártel de Sinaloa sigue operando con fuerza y mantiene el control de rutas clave para el narcotráfico en México.

Iván y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, los otros hijos de El Chapo, siguen prófugos y al mando del cártel. Mientras tanto, su padre cumple cadena perpetua desde 2019 en una prisión de máxima seguridad en Colorado. La caída de Ovidio no representa el final del imperio criminal, pero sí deja expuestas las grietas de un gobierno que, en su momento, decidió liberar a un capo y ahora observa cómo ese mismo capo se rinde ante la justicia extranjera.

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Autor Eduardo Martinez

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