En México, donde la violencia ya es pan de cada día, el asesinato de Irma Hernández Cruz, una maestra jubilada que manejaba un taxi para sobrevivir, conmovió al país entero. Aunque casos como el suyo suceden constantemente, esta vez algo se rompió.

Irma tenía 62 años, era exdocente y vivía en Álamo, Veracruz. El 18 de julio desapareció y seis días después la hallaron sin vida, con signos de violencia. Lo más escalofriante fue el video que circuló en redes, donde se le ve arrodillada, esposada, rodeada de hombres encapuchados y armados. Ella misma les habla a sus colegas: “Paguen su cuota o van a acabar como yo”.
Ese “cuota” no es otra cosa que el temido derecho de piso, una forma de extorsión que grupos criminales imponen a todo el que trabaja en la calle: taxistas, comerciantes, transportistas… y si no pagas, te matan.
💔 El mensaje impactó porque Irma no era una criminal, ni estaba en “malos pasos”. Era una abuela, una trabajadora, una mexicana más intentando sobrevivir en un país donde los jubilados tienen que seguir trabajando porque la pensión no alcanza ni para lo básico.
La violencia ya rebasó todo.
El caso de Irma se volvió símbolo, pero no es el único. Este año siete taxistas han sido asesinados solo en Veracruz, y en Guerrero ya van más de 25. Uno de los casos más brutales fue el de Óscar Jiménez, de 22 años, hallado decapitado junto a su taxi. Otro, el de Abel Hernández, ejecutado a plena luz del día en Tuxpan.

Y aunque las cifras oficiales hablan de casi 6 mil denuncias por extorsión en 2025, la mayoría de la gente ni siquiera se atreve a denunciar. El miedo es más fuerte que la confianza en las autoridades.
“Se murió de un infarto”, dijeron… y ardió todo.
Lo que también desató indignación fue la versión inicial de la gobernadora Rocío Nahle, quien afirmó que Irma no fue asesinada, sino que murió por un infarto. Pero luego tuvo que salir a corregir: “Sí fue violentada. Después de eso, sufrió un infarto”. El médico forense confirmó lesiones graves en el cuerpo que pudieron provocarlo.
La presidenta Claudia Sheinbaum, aunque también habló del infarto, calificó el caso como un homicidio y prometió justicia. Dijo que ya hay tres personas detenidas y que se están reforzando las acciones contra la extorsión.

Sin embargo, la confianza está por los suelos. Y es que, según México Evalúa, solo el 2% de las denuncias por extorsión terminan en condena. Y en cuanto a homicidios… el 90% ni se resuelven.
Veracruz, territorio sin ley. 😠
Expertos en seguridad como David Saucedo aseguran que en zonas como el norte de Veracruz la policía ya no manda: manda el crimen. Las bandas criminales controlan territorios, financian campañas políticas y hacen lo que quieren. En esa región, dice, los taxistas no solo pagan cuotas, también son obligados a hacer “halconeo”, vender droga o mover migrantes.
Se habla incluso de una guerra abierta entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Grupo Sombra, este último ligado a un grupo emergente llamado Mafia Veracruzana, señalado por estar detrás del caso de Irma.
Y la estrategia oficial, según Saucedo, solo maquilla el problema: se lanzan campañas, se anuncian arrestos… pero nada cambia realmente.
“Pudo haber sido cualquiera de nosotros”.
Irma se volvió símbolo porque podría haber sido cualquier persona trabajadora de este país. Como escribió la abogada Melissa Ayala: “Hablar de su caso es hablar del abandono hacia las mujeres mayores, de cómo envejecer en México puede ser una condena”.

Y no fue la única voz: el periodista Salvador Camarena lo dijo fuerte en El País: “En México, la amenaza del crimen se siente más real que cualquier promesa del gobierno”.
Porque lo de Irma no fue solo un crimen. Fue un grito de auxilio que resonó en todo el país. Fue el reflejo de una nación donde, tristemente, sobrevivir se ha vuelto un acto de valentía diaria.
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