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“Estudien mi cerebro”:  Última petición del atacante de Manhattan.

Lo que hizo Shane Tamura no es un caso aislado. Detrás del ataque que dejó a cuatro personas sin vida en Manhattan este lunes, hay algo que ya hemos visto antes en el mundo del fútbol americano: un exjugador con problemas mentales que termina quitándose la vida de un disparo en el pecho, dejando una nota con un último deseo: que estudien su cerebro.

Tamura, quien jugó fútbol americano en una escuela secundaria de California, dejó escrito “Estudien mi cerebro, por favor”. Lo decía haciendo referencia a la encefalopatía traumática crónica (ETC), una enfermedad cerebral degenerativa provocada por golpes repetitivos en la cabeza.

Aunque impactante, no es la primera vez que alguien lo hace así. Dave Duerson, exestrella de los Osos de Chicago, y Junior Seau, miembro del Salón de la Fama, también se suicidaron disparándose en el pecho para que su cerebro pudiera ser analizado. Incluso un adolescente de Misuri, Wyatt Bramwell, se despidió en un video pidiendo lo mismo: “Mi vida ha sido un infierno dentro de mi cabeza. Los quiero. Y adiós”.

🎥 En ese video, Bramwell explicó que los golpes que recibió jugando fútbol lo dejaron roto por dentro, con “demonios en la cabeza” que lo empujaron al límite.

Aunque aún no se sabe si Tamura tenía ETC, expertos aseguran que estos estudios tardan semanas, incluso meses. Chris Nowinski, un exluchador y jugador de Harvard, hoy activista contra los daños del deporte de contacto, explicó que el diagnóstico de ETC requiere estudiar 20 zonas del cerebro, y aunque eso lleva tiempo, considera clave investigar el caso de Tamura.

Nowinski, quien fundó la Concussion Legacy Foundation, ha seguido muchos casos similares. Algunos jugadores presentan cambios de personalidad, comportamiento errático, agresividad e incluso llegan a matar. Sin embargo, no todos los que tienen ETC se vuelven violentos, aclaran los especialistas.

Daniel Daneshvar, neurólogo de Harvard, fue claro: “La mayoría de las personas con ETC no cometen actos violentos. No se puede decir que esa enfermedad, por sí sola, cause un tiroteo”.

A su vez, Ann McKee, quien dirige el Centro de Estudios sobre ETC en la Universidad de Boston, dijo que aunque se han observado daños en los lóbulos frontales que afectan el juicio y el control de impulsos, aún se necesita mucha más investigación para entender los vínculos reales con la violencia.

Lo más preocupante es que, durante años, se creyó que el ETC solo afectaba a profesionales con una larga carrera. Pero ya se han detectado casos en jóvenes que ni siquiera llegaron al nivel universitario. En un estudio de 2023, la Universidad de Boston revisó los cerebros de 152 atletas fallecidos menores de 30 años y descubrió que más del 40% tenía ETC, incluyendo chicos que solo jugaron en preparatoria. De los 63 con diagnóstico positivo, 48 fueron jugadores de fútbol.

Casos como los de Aaron Hernandez y Phillip Adams, ambos exNFL que asesinaron antes de suicidarse, también dieron un giro al debate. En 2012, Jovan Belcher mató a su pareja y luego se quitó la vida. Según Nowinski, hay otros casos similares que no se han hecho públicos.

¿Y Tamura? No está claro si jugó en la universidad o si alguna vez fue profesional. Pero McKee insiste: no es necesario tener una conmoción para desarrollar ETC, basta con sufrir repetidos impactos, incluso leves.

La historia de Bramwell sigue resonando. Sus padres dijeron al Times que, tras perderlo, ahora su misión es advertir: “Las lesiones del fútbol no son solo huesos rotos. Hay heridas invisibles que pueden llevar a tragedias. No dejemos de hablar del tema”.

🧠 La pregunta ahora no es solo qué pasó con Shane Tamura, sino cuántos más están sufriendo en silencio sin saber lo que ocurre en su cabeza.

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Autor Redacción Amaneciendo

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