Decenas de familias de los barrios periféricos de Lima bajaron de los autobuses con la ilusión de un viaje gratuito, un almuerzo y la entrada a un parque acuático, sin saber muy bien a qué venían. Algunos llevaban sus mejores ropas de iglesia y biblias en mano, pensando que asistirían a un homenaje cristiano. Pocos conocían realmente a Charlie Kirk.

Milagros García, de 56 años, resumió la confusión: “¿Quién es Charlie Kirk?”. Al ver el folleto con la foto de Kirk frente a las banderas de Perú y Estados Unidos, solo pudo responder: “No, no lo he visto”. Su experiencia no fue única; muchos creían que el evento era un mitin político de Rafael López Aliaga, conocido como “Porky”, quien aspira a la presidencia de Perú y es famoso por su postura de derecha.
El alcalde de Lima, de 64 años, está tratando de colocarse como referente de la derecha latinoamericana, siguiendo los pasos de Bolsonaro, Milei y Bukele. El homenaje a Kirk, anunciado en una conferencia de extrema derecha en Madrid, fue el único respaldo oficial en América Latina para el activista estadounidense. La jugada fue estratégica: justo en plena búsqueda de apoyo del gobierno de Trump para un litigio clave en Estados Unidos relacionado con las autopistas de peaje de Lima.

El conflicto legal gira en torno a la red de autopistas privatizadas, cuya gestión López Aliaga quiere asumir para eliminar peajes que considera ilegales, por presuntos sobornos ligados a la operación Lava Jato en Brasil. La empresa Brookfield Asset Management, no involucrada en la corrupción inicial, ha ganado demandas millonarias contra la ciudad: 200 millones de dólares ya otorgados y 2,700 millones en disputa. Un fallo desfavorable podría afectar tanto a Lima como a la carrera política de “Porky”.
Sin embargo, el alcalde recibió un guiño del gobierno de Trump. Edward R. Martin Jr., funcionario estadounidense, indicó que se reabrirían las acusaciones de corrupción vinculadas al contrato de las autopistas. Tras una reunión en Washington, cartas enviadas por Martin podrían permitir que Lima se declare víctima en la investigación de Lava Jato y anule el contrato, lo que representaría un respiro enorme para López Aliaga.
El evento en el Circuito Mágico del Agua, con jardines cuidados y 13 fuentes sincronizadas, fue mucho menos concurrido de lo esperado. Se hablaba de 30,000 a 40,000 personas, pero llegaron solo unos pocos miles, la mayoría transportados en autobuses desde hasta cuatro horas de distancia. Mariela Ramos, revendedora de 44 años, fue con su hija pensando que López Aliaga presentaría sus planes presidenciales, y terminó viendo pantallas con discursos de Kirk y música cristiana.

Algunos asistentes realmente querían honrar a Kirk: camisetas con “Yo soy Charlie Kirk”, banderas israelíes y lágrimas de quienes sentían que los cristianos eran perseguidos. Stefano Ferrigno, podcaster, vistió uniforme militar negro inspirado en un partido fascista peruano de los años 30 y proclamó que la única solución para Perú era un nacionalismo fuerte, apoyando a López Aliaga.
En el escenario, el alcalde dio un discurso cargado de política: “La izquierda no parte del amor, parte del odio… Tenemos que darnos cuenta de que estamos bajo ataque, igual que Estados Unidos”. Entregó un diploma honorífico al abogado estadounidense Martin De Luca, representante suyo en el caso de las autopistas. El homenaje duró 90 minutos; al anochecer, las fuentes proyectaban imágenes de Kirk, mientras la mayoría ya regresaba en autobús.
En entrevistas posteriores, López Aliaga admitió que no sabía de dónde venían los autobuses ni se preocupaba por la logística de los asistentes. “Imagínate, pregúntale a un alcalde en Nueva York, cómo se movilizó la gente. Más respeto, por favor”, dijo entre risas.

El asesinato de Kirk se ha convertido en una herramienta potente de la derecha global, usada para motivar a sus bases, atacar a la izquierda y presionar políticamente, mientras grupos en todo el mundo lo utilizan como bandera en conferencias de extrema derecha.
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