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Trump mete presión a Netanyahu y logra el alto al fuego en Gaza. 🇺🇸.🔥

Lo que parecía otro episodio más de violencia en #MedioOriente terminó dando un giro inesperado. Todo comenzó el 9 de septiembre, cuando #Israel atacó al equipo negociador de #Hamás en Qatar, una movida que violó la soberanía de un aliado de Estados Unidos y encendió las alarmas de una posible guerra regional.

Pero, contrario a lo que muchos pensaban, ese ataque se convirtió en el punto de quiebre que llevó al presidente Donald Trump a anunciar la liberación de los rehenes israelíes restantes, un objetivo que tanto él como Joe Biden habían buscado sin éxito durante casi dos años.

Aunque todavía faltan detalles sobre el desarme de Hamás, la retirada israelí y la futura administración de Gaza, este acuerdo podría ser el mayor logro diplomático de Trump en su segundo mandato, algo que ni Biden ni su equipo consiguieron.

Durante su primer periodo, Trump fortaleció su relación con Israel, trasladando la embajada estadounidense a Jerusalén y apoyando abiertamente los asentamientos en Cisjordania. Esa cercanía con Benjamin Netanyahu fue clave: le permitió presionarlo como ningún otro presidente lo había hecho antes, según analistas como Aaron David Miller, del Fondo Carnegie para la Paz Internacional.

El punto de inflexión llegó tras el ataque israelí en Doha, que dejó un ciudadano qatarí muerto. Ese incidente llevó a Trump a lanzar un ultimátum: “La guerra debe parar”. Y lo cumplió. Con el respaldo de sus aliados del Golfo y su influencia en Qatar, Emiratos Árabes y Arabia Saudita, Trump logró lo impensable: sentar a Netanyahu y hacerlo firmar un plan de paz de 20 puntos, respaldado incluso por países musulmanes de la región.

El resultado fue histórico: Israel aceptó liberar a más de 1,000 prisioneros palestinos y retirarse parcialmente de Gaza, mientras que Hamás acordó entregar a todos los rehenes del ataque del 7 de octubre, en el que murieron más de 1,200 israelíes. El fin de una guerra que ha dejado más de 67,000 palestinos muertos por fin parece posible.

La presión no vino solo de Medio Oriente. En Europa, líderes como Emmanuel Macron encabezaron una ola de condenas contra Israel y se distanciaron de la postura estadounidense, impulsando un plan franco-saudita que exigía el fin de los ataques y el reconocimiento de un Estado palestino. Trump terminó integrando varios puntos de esa propuesta en su propio acuerdo, buscando equilibrar los intereses árabes e israelíes.

Aunque su estilo suele ser polémico —mezcla de bravura, improvisación y discursos explosivos—, Trump volvió a demostrar que su método poco ortodoxo puede rendir frutos. Tal vez no sea la diplomacia que enseñan en Harvard, pero esta vez, su forma de negociar logró lo que otros no pudieron: detener la guerra y abrir la puerta a la paz.

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Autor Redacción Amaneciendo

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