Donald Trump atraviesa un nuevo conflicto económico en Estados Unidos, ahora relacionado con el incremento del precio de la carne. Las políticas de su propio gobierno —incluidos los aranceles a importadores y los cierres fronterizos hacia México— han generado distorsiones en el mercado, obligando al presidente estadounidense a pedir públicamente a los ganaderos locales que reduzcan sus precios mientras explora la importación de carne argentina como alternativa.

El origen del problema radica en los altos aranceles impuestos a las importaciones de ganado y carne desde países como México, medida que inicialmente benefició a los productores estadounidenses. Sin embargo, el aumento de precios al consumidor ha desatado presiones inflacionarias, motivo por el cual Trump exhortó a los ganaderos a ajustar sus tarifas y consideró la opción de comprar carne a Argentina para aliviar los costos internos.
En días recientes, el mandatario aseguró que su política comercial había favorecido al sector ganadero, pero admitió que el consumidor se ha visto afectado por los precios históricos de la carne. Por ello, anunció su intención de abrir negociaciones con Argentina, país al que calificó como un aliado económico clave tras un acuerdo bilateral de 20 mil millones de dólares destinado a impulsar su economía.
Mientras tanto, la industria ganadera mexicana continúa afectada por el cierre fronterizo impuesto por Estados Unidos tras detectar casos del gusano barrenador en el sur del país. Esta medida ha generado pérdidas diarias estimadas en 11 millones de dólares, obligando a productores nacionales a buscar nuevos mercados en Europa, Asia y Filipinas.
La reacción en Estados Unidos no se hizo esperar. La Asociación Nacional de Ganaderos (NCBA) rechazó la propuesta de importar carne extranjera, advirtiendo que la medida podría generar desequilibrios en el mercado y afectar la producción local. Su director ejecutivo, Colin Woodall, advirtió que introducir carne argentina representaría un riesgo sanitario y podría devastar a la industria ganadera nacional.
Woodall también cuestionó el desbalance comercial con Argentina, recordando los antecedentes de fiebre aftosa y los riesgos que implica depender de carne importada. Pese al incremento en los precios, la NCBA aseguró que la demanda interna de carne sigue siendo alta gracias a la calidad y seguridad del producto estadounidense.
Los ganaderos norteamericanos han instado a Trump y al Congreso a no intervenir en el mercado, argumentando que las medidas proteccionistas y los cierres comerciales no han hecho más que perjudicar a las comunidades rurales. Sin una solución inmediata, el presidente enfrenta un dilema político y económico: revertir sus propias políticas o enfrentar una creciente crisis alimentaria en su país.
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