México se ha convertido en el mayor emisor de deuda entre las economías en desarrollo durante 2025, impulsado por el rescate financiero de Petróleos Mexicanos (Pemex), la empresa estatal que continúa hundida en una crisis operativa y fiscal sin precedentes. La cifra supera los 41 mil millones de dólares en bonos soberanos emitidos, duplicando incluso lo recaudado por Arabia Saudita, el segundo país más endeudado de la región, de acuerdo con datos de Bloomberg.

Aunque el gobierno no ha detallado cuánto del endeudamiento fue dirigido directamente a Pemex, los documentos de sus más recientes operaciones indican que una parte sustancial fue destinada como aportación de capital a la petrolera. Con una deuda que ronda los 100 mil millones de dólares y una producción en su punto más bajo en cuatro décadas, la compañía representa un peso creciente para las finanzas públicas.
El apoyo estatal ha generado un repunte en los bonos de Pemex, pero también ha disparado las alertas sobre el riesgo soberano de México. Moody’s mantiene una perspectiva negativa ante el deterioro de los indicadores financieros, mientras que analistas advierten que la expansión del endeudamiento podría comprometer la calificación crediticia nacional.
La administración de Claudia Sheinbaum ha adoptado un enfoque más agresivo hacia el rescate de Pemex, en contraste con la estrategia cautelosa del sexenio anterior. Sin embargo, el nuevo plan de negocios presentado por la presidenta en agosto no ha logrado calmar las preocupaciones sobre la caída productiva, las refinerías con pérdidas y los crecientes compromisos fiscales que amenazan con exigir más recursos públicos.
Pemex se perfila para cerrar 2025 con el mayor déficit de su historia, estimado en 31 mil millones de dólares, cifra derivada de su baja rentabilidad y de un costoso rescate gubernamental. A esto se suma la polémica colocación de 12 mil millones de dólares en instrumentos P-Cap, utilizados para endeudarse sin registrar la obligación completa en los balances, lo que ha generado dudas sobre la transparencia del manejo financiero.
A pesar de los riesgos, el mercado internacional ha respondido con relativa calma: los rendimientos exigidos por los inversionistas para adquirir bonos mexicanos en dólares han caído cerca de 100 puntos base este año. Sin embargo, los analistas advierten que esta confianza podría evaporarse si la carga fiscal de Pemex continúa creciendo y el gobierno insiste en sostenerla con más deuda soberana.
Mientras S&P Global y Fitch mantienen una perspectiva estable para México, la presión de los mercados y el debilitamiento operativo de Pemex amenazan con poner a prueba la promesa de estabilidad de Sheinbaum. Con el presupuesto de 2026 contemplando otros 14 mil millones de dólares para cubrir los pasivos de la petrolera, el país corre el riesgo de seguir hipotecando su futuro por mantener a flote una empresa que, pese a los rescates, sigue sin levantar cabeza.
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