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Entre #maras y miedo🔥: Así se vive en las zonas más bravas de #Guatemala 😰💥

En la Zona 18 de Ciudad de Guatemala, cualquiera que no sea del barrio llama la atención. Aquí, la desconfianza se respira. Basta con sacar el celular para tomar una foto y de inmediato alguien se acerca a preguntar qué haces.

Un joven fornido, tatuado y con gorra detiene su tuk tuk frente a mí y sin rodeos pregunta:
—¿Quién sos y qué hacés por acá?

No hace falta mucho para notar que es parte del Barrio 18, una de las pandillas más grandes y temidas del país. Ellos controlan buena parte de esta zona donde viven más de 200 mil personas, y nada se mueve sin su permiso.

Guatemala enfrenta un problema que no cede. Mientras en El Salvador el presidente Nayib Bukele desmanteló las maras con su polémico régimen de excepción, en suelo guatemalteco estas bandas siguen creciendo, reclutando jóvenes y extendiendo sus redes de extorsión.

Este mes, la fuga de 20 presos de máxima seguridad, todos ligados al Barrio 18, destapó una crisis que terminó con la renuncia del ministro de Gobernación Francisco Jiménez. El gobierno respondió con una nueva ley antipandillas que declara a las maras como organizaciones terroristas y sube las penas por extorsión hasta 18 años de cárcel.

“Es una de las exigencias más fuertes de las familias guatemaltecas: poder vivir en paz”, declaró el presidente Bernardo Arévalo.

🕶️ Vidas marcadas por el barrio.

En las laderas polvorientas de la Zona 18, entre casas de ladrillo y techos de lámina, el miedo manda. Ahí trabaja el pastor Edwin Cordón, quien antes fue líder del Barrio 18.

“En ese mundo te sentís poderoso, creés que podés decidir quién vive o muere”, confiesa. Ahora, convertido en guía espiritual, intenta convencer a jóvenes de que sí hay otra salida.

Pero no todos logran escapar. “Mi hermano lo mataron a los 16, y mi mejor amigo también cayó. Muchos no llegan ni a los 20”, recuerda.

La lealtad es el valor máximo dentro de la mara. “Por el barrio se vive y por el barrio se muere”, dicen. Su dinero viene sobre todo de la extorsión, un delito que deja más de mil denuncias al mes, aunque la mayoría nunca se reporta.

💸 Pagar o morir: el impuesto del miedo.

En lugares como Villa Nueva, al sur de la capital, domina la rival de Barrio 18: la Mara Salvatrucha (MS-13). Ahí vive Alicia (nombre ficticio), que desde su tiendita vende abarrotes tras una reja. Su esposo fue asesinado hace años por negarse a pagar la “renta”.

“Desde entonces yo pago cada quincena. Si no lo hago, me matan. Pagamos al gobierno y también a ellos. Apenas alcanza para comer”, dice entre lágrimas.

Y no es la única. Cada año, miles de negocios cierran por culpa de las amenazas. Solo en 2024, más de 800 mil comercios bajaron sus cortinas, y las pérdidas económicas superaron los 260 millones de dólares.

🧒 Reclutas desde los 13.

Las maras se nutren de niños y adolescentes que ven en la pandilla una salida rápida al hambre o al abandono. “A veces los obligan, otras se meten por gusto”, explica el criminólogo Eddy Morales.

El rito de iniciación es brutal: 18 segundos de golpes para Barrio 18, 13 para la MS-13, o incluso una primera misión: matar o morir.

Por cada encargo, los jóvenes ganan unos 500 quetzales (65 dólares), dinero fácil pero que puede costarles la vida.

👩 Las mujeres, entre el miedo y la sobrevivencia.

Muchas de las que cobran las extorsiones o hacen las llamadas son mujeres. No siempre entran por voluntad: algunas son amenazadas o manipuladas por los líderes.

“El Barrio 18 ya ni las reconoce como miembros. Si fallan, las matan sin pensarlo”, cuenta Cordón. En 2024 fueron arrestadas más de 500 mujeres por delitos ligados a las maras, el doble que los hombres.

💣 Maras vs narcos: caminos separados.

A diferencia de México o Ecuador, en Guatemala las maras no trabajan directamente con los cárteles de la droga. Su negocio es otro: la extorsión y, en menor medida, el sicariato.

Los narcos grandes, como el Cártel de Sinaloa, se mueven por las rutas de cocaína y controlan desde las sombras; las maras, en cambio, dominan los barrios y los transportes.

Esa separación marca una gran diferencia: las maras no tienen poder político ni económico al nivel de los cárteles, pero sí controlan la vida diaria de miles de guatemaltecos.

🚔 Qué hace el gobierno.

El presidente Arévalo ha prometido frenar la ola criminal con operativos, reformas carcelarias y programas sociales, aunque reconoce que no es fácil.

“Capturamos a los líderes de una banda y a los pocos días otra ocupa su lugar. Esto es un monstruo que se regenera solo”, dijo el mandatario.

Guatemala construirá una prisión especial para pandilleros, inspirada en el modelo salvadoreño, con tecnología para bloquear su comunicación con el exterior.

Mientras tanto, la población sigue atrapada entre la pobreza y el miedo. En los barrios más golpeados, muchos repiten resignados una frase que resume su día a día:

“Es mejor pagar y callar, porque aquí la vida vale poco”.

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Autor Redacción Amaneciendo

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