Durante el último año del primer mandato de Donald Trump, la CIA lanzó un ciberataque secreto contra el gobierno de Nicolás Maduro, dejando fuera de acción la red informática usada por los servicios de inteligencia venezolanos. La idea era darle a Trump una acción concreta sin arriesgar un enfrentamiento directo con Caracas.

Sin embargo, el plan dejó a Trump y a su equipo bastante frustrados. El presidente quería medidas más agresivas, pero Maduro se mantenía firme en el poder, lo que terminó marcando la postura beligerante que EE.UU. mostraría luego hacia Venezuela.
Ese intento secreto fue parte de varias maniobras que los funcionarios de seguridad nacional hicieron para calmar las ansias de Trump de derrocar a Maduro. La CIA y el Pentágono a menudo pusieron freno, mostrando su reticencia a iniciar un conflicto abierto. Incluso, durante una reunión en la Casa Blanca en 2019, un alto funcionario del Pentágono golpeó la mesa de la frustración ante las demandas de opciones militares más agresivas.
El propio Trump ya había dejado claro desde 2017, en una reunión en su club de golf en Bedminster, Nueva Jersey, que no descartaba la opción militar contra Venezuela. “¡Háganlo!”, le gritó a su asesor John Bolton en 2019, frustrado por la falta de resultados para sacar a Maduro del poder.
Entre las acciones encubiertas que se exploraron estaba interrumpir las comunicaciones satelitales del Grupo Wagner, los mercenarios rusos presentes en Venezuela, y hasta planes de ciberataques a infraestructuras clave, como represas, que nunca se concretaron. La idea era crear suficiente malestar interno para convencer a los militares venezolanos de cambiar de bando. Pero, como suele pasar, no había un plan sólido para lo que vendría después: “La esperanza no es un plan”, resumió un exfuncionario de la Casa Blanca.
Para el segundo mandato, EE.UU. ha mostrado su músculo militar sin rodeos: desde bombarderos que sobrevolaron la costa venezolana, hasta 10,000 soldados y un portaaviones en camino desde Europa. Aunque el gobierno dice que todo esto es parte de la lucha contra el narcotráfico, expertos y exfuncionarios aseguran que el verdadero objetivo podría ser un cambio de régimen en Venezuela.
La diplomacia también ha tenido movimientos estratégicos: Richard Grenell, enviado especial de Trump, se reunió varias veces con Maduro para intentar liberar a ciudadanos estadounidenses detenidos, aunque luego Trump lo reemplazó y la cartera de Venezuela quedó en manos de Marco Rubio. Según Jimmy Story, exdiplomático en Venezuela, “los halcones tomaron el control, así que la ‘presión máxima’ se ha intensificado”.

En paralelo, el gobierno de Trump ha realizado ataques militares letales contra lanchas rápidas en el Caribe, supuestamente vinculadas al narcotráfico. Aunque el Departamento de Defensa insiste en esta justificación, no hay pruebas claras y Venezuela no es un productor ni punto clave de drogas hacia EE.UU. Algunos expertos aseguran que estos buques podrían servir en algún momento contra altos mandos del gobierno venezolano.
Al final, el panorama sigue siendo incierto. Trump, consciente de los riesgos políticos, podría encontrar distintas maneras de presentarlo como una “victoria” en Venezuela, aunque para muchos sea solo una cortina de humo.
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