Un descubrimiento arqueológico en Hidalgo obligó al gobierno federal a modificar el trazado del tren México-Querétaro, apenas unas semanas después de que la presidenta Claudia Sheinbaum anunciara que el proyecto avanzaba sin contratiempos. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó que en la zona conocida como El Venado, en los límites de Atotonilco de Tula, Tula de Allende y Tepeji del Río, se hallaron petrograbados y vestigios considerados sagrados por las comunidades locales.

De acuerdo con el INAH, El Venado fue registrado desde 1980 como un sitio con terrazas, estructuras prehispánicas y pinturas rupestres que muestran figuras humanas, animales y motivos geométricos. Durante los trabajos de supervisión del tren, arqueólogos detectaron que la zona había sufrido afectaciones por la agricultura y el paso del tiempo, pero aún conserva piezas de gran valor histórico. El hallazgo detuvo la obra y llevó a replantear la ruta para evitar su destrucción.
La presidenta Sheinbaum admitió que los petrograbados no pueden ser trasladados a un museo por su complejidad y el significado cultural que tienen para los pueblos originarios, por lo que se decidió modificar el trazo del tren. Sin embargo, el cambio implica un desvío de ocho kilómetros, lo que se traducirá en costos adicionales y un nuevo proceso de evaluación ambiental, un hecho que desmiente la narrativa oficial sobre la eficiencia del proyecto.
El comandante del Agrupamiento de Ingenieros, Ricardo Vallejo Suárez, explicó que de los 226 kilómetros del tren, más de cien corresponden a un nuevo tramo que requiere estudios arqueológicos y ambientales. Fue precisamente en esa sección donde los ingenieros se toparon con los petrograbados, inicialmente considerando retirarlos, decisión que el INAH descartó por los riesgos irreversibles al patrimonio.
La modificación del trazado busca proteger los 70 metros donde se encuentran los grabados, ubicados en un acantilado que ha resistido siglos de erosión y actividad humana. Sin embargo, el retraso en la planeación evidencia la falta de previsión del gobierno federal, que no anticipó la presencia de un sitio arqueológico registrado oficialmente desde hace décadas.
El INAH determinó que la zona debe permanecer intacta y restringió cualquier tipo de obra que altere el paisaje. Las terrazas prehispánicas de piedra basáltica, utilizadas hace más de mil años, deberán conservarse sin intervención. Incluso se prohibió abrir caminos nuevos, lo que complica el avance de la maquinaria militar encargada de la obra.
El sitio de El Venado, considerado un santuario por los habitantes de la región, se encuentra oculto entre maleza y caminos de terracería. Sus figuras rupestres, entre ellas la de un venado tallado en roca, han sobrevivido al paso del tiempo y a la extracción de piedra que dañó zonas cercanas. Hoy, mientras el gobierno intenta continuar con su proyecto ferroviario, este santuario ancestral emerge como un recordatorio de que la modernidad no puede avanzar a costa del pasado.
La improvisación en los proyectos de infraestructura impulsados por Morena vuelve a exhibirse. El tren México-Querétaro, anunciado como símbolo de progreso, enfrenta ahora un nuevo obstáculo que refleja la falta de planeación y la constante tensión entre desarrollo y conservación bajo la administración de Sheinbaum.
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