La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá programada para 2026 podría transformarse en una renegociación más tensa de lo previsto. Analistas del Consejo Mexicano de Comercio Exterior (Comce) alertan que, aunque China no estará sentada en la mesa, su influencia marcará cada discusión, convirtiendo el diálogo trilateral en un debate de cuatro actores. Estados Unidos ha aflojado recientemente sus medidas comerciales contra el gigante asiático, lo que complica aún más el panorama norteamericano.

Antonio Ortiz Mena, del Comce, advirtió que China será el punto central de la renegociación. Para Washington y Ottawa, limitar el avance del capital chino mediante nuevas reglas de origen y mayor trazabilidad será crucial. En este contexto, México enfrenta críticas por el trato preferencial que otorga a Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), lo que ha generado molestia entre sectores empresariales estadounidenses. CEO’s de compañías como Apple, General Motors y FedEx acusan al gobierno de Claudia Sheinbaum de politizar decisiones regulatorias y obstruir a la inversión privada.
Kenneth Smith Ramos, exjefe negociador del T-MEC, subrayó que la prioridad de México debería ser defender el libre comercio y garantizar la continuidad del tratado por otros 16 años. Sin embargo, reconoció que será difícil llegar a 2026 sin que Estados Unidos imponga nuevos aranceles, especialmente si continúan los desacuerdos energéticos y judiciales. Recordó que el presidente Donald Trump ha utilizado los aranceles como arma política y no dudará en hacerlo nuevamente si percibe incumplimientos por parte de México.
El sector empresarial estadounidense ya presiona. La Business Roundtable, encabezada por figuras como Tim Cook y Jamie Dimon, envió un documento al gobierno de Estados Unidos en el que denuncia incertidumbre jurídica, reformas judiciales que politizan el sistema y un entorno hostil a la inversión. Exigen restaurar el mecanismo de solución de controversias entre inversionistas y Estado, eliminar barreras regulatorias y garantizar que Pemex y CFE no reciban privilegios indebidos.
China también aparecerá indirectamente en temas sensibles como el origen de insumos, contenido regional, manufactura automotriz y reglas de trazabilidad. Estados Unidos buscará blindar el tratado de triangulaciones comerciales que permitan la entrada de productos chinos disfrazados de norteamericanos. México, por su parte, tendrá que definir si respalda plenamente a sus socios comerciales o permite que el capital asiático continúe expandiéndose bajo esquemas legales flexibles.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que no habrá renegociación del tratado y que México defenderá su soberanía energética. Pero las presiones aumentan y los reclamos por trato desigual hacia empresas extranjeras, especialmente en energía, telecomunicaciones y transporte, reflejan una creciente desconfianza hacia su administración. Con China como sombra permanente y Estados Unidos decidido a endurecer condiciones, el T-MEC se encamina a una revisión cargada de fricciones, riesgos económicos y tensiones diplomáticas.
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