En medio del jaloneo con Estados Unidos por la tensión militar en el Caribe, Venezuela anda buscando cómo reforzar su círculo de aliados. Y no es casualidad que en los últimos días de octubre un avión carguero ruso —de una empresa sancionada por Washington— hiciera escala en tres paradas clave: Caracas, La Habana y Managua. Sí, justo las capitales del tridente más cerrado y autoritario de la región.

Tras las elecciones presidenciales de 2024, que buena parte del mundo no reconoció, Nicolás Maduro se quedó con menos amigos internacionales. Aun así, Cuba y Nicaragua salieron rápido a ofrecerle respaldo, aunque hasta ahora, ese apoyo se ha quedado más en palabras que en hechos.
Los tres gobiernos —el de Maduro, Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel— no solo comparten ideología, también estilo: control férreo del poder, represión a la disidencia y una oposición cada vez más arrinconada. Además, todos han vivido éxodos migratorios por sus crisis políticas y económicas.
Según el analista Ángel Álvarez, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Notre Dame, “hay una alianza estratégica entre estos países; se necesitan mutuamente. Cuba y Nicaragua dependen de Venezuela, que aunque está golpeada económicamente, sigue teniendo ingresos petroleros más abundantes”.
Este lazo no es nuevo. Se empezó a tejer con Hugo Chávez, quien en 2004 lanzó junto con Fidel Castro la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), impulsando una visión antiestadounidense y consolidando lo que muchos llaman un “eje del siglo XXI”. En esos años, Petrocaribe le permitió a varios países del Caribe comprar petróleo venezolano a precios preferenciales.
Pero esa “petrodiplomacia” fue perdiendo fuerza a medida que PDVSA cayó en producción. Hoy, los envíos de crudo a Cuba apenas rondan los 20 mil barriles diarios, muy lejos de los 100 mil de antaño, aunque en 2025 se ha notado un pequeño repunte, según Reuters.
Aun con menos dinero, el vínculo político sigue firme. “El petróleo ya no pesa tanto como antes, pero Maduro busca sacar todo el provecho posible, mientras que los tres gobiernos mantienen una identidad ideológica compartida”, explicó Kenneth Ramírez, del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales (COVRI).
Los tres países suelen respaldarse mutuamente en foros internacionales, acusando a Estados Unidos de tener una política “imperialista”. Sin embargo, ya no forman parte de instancias regionales como la OEA o el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, lo que limita su influencia diplomática.
El profesor Eduardo Valero Castro, de la Universidad Central de Venezuela, señaló que, pese a todo, los lazos siguen siendo fuertes tras dos décadas de cooperación. Y ahora, con el despliegue militar estadounidense en el Caribe, se ha encendido un “sentimiento latinoamericano” que ha suavizado las críticas a Caracas.
Aun así, Valero advierte que el apoyo de Cuba y Nicaragua podría quedarse corto si la tensión escala: “Si llegara a haber una confrontación militar, Cuba podría aplicar el dicho: te acompaño hasta el cementerio, pero no hasta la tumba”.
Expertos coinciden en que La Habana sigue jugando un papel clave en Caracas, especialmente con su asesoría en inteligencia y manejo militar, mientras que Nicaragua, aunque más cautelosa, mantiene un respaldo incondicional a Maduro.
Para Álvarez, el reto de Venezuela es ensanchar su red de aliados, ya que depender solo de Cuba y Nicaragua “no le conviene ni en imagen ni en estrategia”. Ambos países, señala, tienen poca influencia internacional y están “muy cuestionados”, por lo que Maduro necesita nuevos socios democráticos para equilibrar su posición.
Mientras tanto, la alianza caribeña sigue cerrando filas ante el gigante del norte, aunque sin mostrar todavía hasta dónde están dispuestos a llegar si la tensión pasa de las palabras a los hechos.
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