Desde Holanda hasta México, la historia de Snowapple Collective es la de un grupo que decidió que el arte no solo se escucha, también se siente y se lucha. Lo que empezó como una banda musical terminó convirtiéndose en un colectivo que da voz a las mujeres, a las madres buscadoras y a los pueblos originarios.

Un viaje que cruzó fronteras.
Lauren Shreuder, fundadora del proyecto, recordó que todo comenzó con una banda integrada por tres mujeres. “Teníamos tres años como Snowapple, hacíamos pura música, pero poco a poco fue creciendo hasta volverse un colectivo multidisciplinario. Así conocí a Cynthia Martínez, quien formó parte de Snowapple México”, contó.
Con el tiempo, la música se transformó en una herramienta de activismo. En 2019, el grupo dio un giro y empezó a combinar arte y denuncia social. Uno de sus primeros pasos fue una versión de “La Llorona” con letra de Pedro Miguel, que abordaba los feminicidios. “Queríamos que ese mensaje cruzara fronteras, así que trabajamos con la videoartista Adriana Ronquillo”, recordó Lauren.
México: arte con causa.
Para Cynthia Martínez, su encuentro con el colectivo fue casi por casualidad. “Yo tocaba cumbia en una banda llamada La Orquesta de Atlántida. Apenas llevaba dos semanas aprendiendo bajo cuando conocí a Lauren. De ahí comenzó todo: giras, teatro, música… se volvió algo muy grande”, compartió.
En México, el arte se encontró con la realidad más dura. Las cifras de violencia contra las mujeres y los rostros de las madres buscadoras marcaron el rumbo de su trabajo. “Desde niña mis papás me enseñaron a ser empática. Un día fuimos a apoyar a mamás afuera de Gobernación y ahí conocí a Lidia Florencio, Araceli Osorio y al colectivo de Las Siempre Vivas”, narró.
Esa conexión cambió su forma de entender el arte. La música dejó de ser entretenimiento para convertirse en acompañamiento. “Se volvían familia, te ponías en sus zapatos y entendías que la violencia no está lejos de nadie. Dos chicas que trabajaban en casa fueron asesinadas por sus esposos. Araceli incluso se sumó a trabajar con nosotras”, dijo Cynthia.
Arte, memoria y riesgo.
El compromiso del colectivo no se quedó en los escenarios. Han participado en marchas, manifestaciones y acciones públicas, aunque no siempre fue fácil. “Un 8 de marzo en el Zócalo nos tocó salir corriendo por grupos de choque”, recordó Lauren.
También enfrentaron reacciones violentas. “En Tlaxcala tuvimos que huir porque dijimos que era un estado con trata de mujeres y niñas. Aprendimos que dar voz a otras también implica riesgos”, explicó.
Aun así, Snowapple siguió creciendo, abordando temas como feminicidios, desapariciones, contaminación y despojo de tierras indígenas. Cynthia agregó que su labor también acompaña la defensa de los territorios y culturas originarias. “El año pasado se reunieron más de 100 mil mujeres indígenas por la defensa de los ríos ante las mineras que los contaminaban”, contó.
Crear también es resistir.
Para Lauren y Cynthia, el arte no solo entretiene: guarda memoria, sensibiliza y transforma. Cada canción, cada presentación y cada colaboración con comunidades es una forma de decir que la cultura puede ser herramienta de justicia.
Su meta no es solo visibilizar la violencia, sino imaginar un mundo más justo, donde el arte sea para todos y donde la naturaleza y la justicia social caminen de la mano.
Hoy, Snowapple Collective continúa viajando entre la música y la memoria, entre la creación y la denuncia. Su mensaje resuena fuerte:
“Mientras haya dolor, habrá canto; mientras haya silencio, habrá arte.”
Porque sí —crear también es resistir. 💪🎭
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