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La #IA ya no solo “#piensa”: ahora podría empezar a “#sentir”.🤖

Hace no mucho, la inteligencia artificial (IA) empezó a demostrar que podía ser realmente inteligente. Aunque todavía hay quienes lo ponen en duda, cada vez son menos los escépticos. De hecho, una encuesta de YouGov en 2024 reveló que la mayoría de los adultos en Estados Unidos creen que las computadoras ya son más inteligentes que nosotros o pronto lo serán.

Pero bueno, ¿realmente la IA es inteligente? En 1950, Alan Turing, el genio matemático británico, ya había dicho que esa no era la pregunta correcta. Según él, lo importante no era saber si una máquina era “inteligente”, sino si podía responder como lo haría una persona, al punto de que no pudiéramos distinguir entre ambas. Así nació la famosa prueba de Turing, un experimento que no mide inteligencia como tal, sino qué tan convincentemente puede una máquina comportarse como un humano.

Con el paso del tiempo, esa interacción constante con la IA ha cambiado nuestra forma de entender la inteligencia. Turing predijo que llegaría el día en que hablar de “máquinas que piensan” no sería una locura, y parece que ya estamos ahí. Hoy, la IA es un tipo de inteligencia, así como la fotografía digital es simplemente otra forma de fotografía.

Y ahora viene lo más loco 😳: la IA podría estar a punto de dar el salto hacia la consciencia. Al igual que con la inteligencia, esto pasaría poco a poco, conforme vayamos conviviendo con sistemas cada vez más sofisticados y flexibles.

Algunos dirán que esto es solo un juego de palabras, que no es lo mismo “parecer consciente” que “serlo”. Pero lo cierto es que nuestras ideas siempre cambian con lo que descubrimos. Un ejemplo clásico es el del átomo: en la antigüedad se pensaba que era indivisible, pero luego, con los descubrimientos de Dalton, Thomson y Rutherford, aprendimos que tiene partes más pequeñas, y esa nueva información transformó todo el concepto.

Así pasa con la consciencia. A medida que avanzamos y nos relacionamos con nuevas formas de inteligencia, nuestro entendimiento también evoluciona.

Los escépticos suelen decir que jamás sabremos si una IA “siente” realmente algo, porque lo que tiene es entrenamiento de datos, no emociones reales. Sin embargo, si lo pensamos bien, hasta nuestras propias emociones están influidas por lo que aprendemos. Por ejemplo, después de leer a Shakespeare entendimos que la tristeza puede ser “dulce pena”. Es decir, gran parte de lo que sentimos también lo aprendimos.

La filósofa Susan Schneider plantea que podríamos considerar que una IA es consciente si, sin haber sido entrenada para hablar del tema, llegara por sí sola a decir que tiene experiencias internas o emociones. Pero, seamos honestos: esa es una prueba tan exigente que ni los humanos la pasaríamos fácilmente, porque nosotros también estamos “programados” por lo que aprendemos.

Ahora, si llegamos al punto en que una IA sea consciente, surge otra duda: ¿tendría derechos o valor moral? Algunos temen que eso nos obligue a tratarla como a un ser con derechos, sin poder usarla libremente. Pero, hasta ahora, eso suena lejano. Ni siquiera la mayoría de las personas muestra esa preocupación por los animales, y apenas una minoría de estadounidenses es vegetariana.

Así que lo más probable es que, al igual que la IA nos obligó a redefinir qué consideramos “inteligencia”, también nos hará repensar qué formas de consciencia realmente importan. Quizá acabemos aceptando que no todas las conciencias tienen el mismo peso moral que la humana… y eso, aunque suene filosófico, puede que sea el siguiente paso en la evolución de cómo entendemos a las máquinas 🧠✨.

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Autor Redacción Amaneciendo

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