Vyacheslav Penchukov, mejor conocido como “Tank”, es uno de los hackers más buscados de la historia, y desde su celda en Colorado nos revela los secretos del mundo del cibercrimen y cómo operan las grandes bandas digitales. Su historia mezcla carisma, astucia y un talento natural para hacer contactos que le permitieron evadir a la policía durante años.

Penchukov pasó casi una década en la lista de los más buscados del FBI y lideró varias bandas de hackers en diferentes momentos de su carrera. Finalmente fue arrestado en Suiza en 2022 tras una operación espectacular: francotiradores en los techos, policía en la calle y la humillación pública frente a sus hijos, algo que él aún recuerda con rencor.
“Me tiraron al suelo, me esposaron y me pusieron una bolsa en la cabeza… Estaban asustados”, cuenta Penchukov, aunque reconoce que sus miles de víctimas probablemente no compartan su opinión sobre lo “excesivo” del arresto.
Desde su primera banda, Jabber Zeus, hasta su incursión en ransomware con grupos como Maze, Egregor, Conti e IcedID, Tank y su equipo robaron millones de dólares de cuentas bancarias, empresas e incluso hospitales. Solo en el Reino Unido, más de 600 víctimas perdieron 4 millones de libras en apenas tres meses.
El hacker ucraniano comenzó su vida digital jugando videojuegos y buscando “trucos” para títulos como FIFA 99 y Counter-Strike, pero pronto se convirtió en líder de bandas criminales gracias a su ingenio y, sobre todo, su carisma. Entre sus colegas estaba Maksim Yakubets, alias “Aqua”, quien años después sería sancionado por su vinculación con la temida banda rusa Evil Corp.

Tank recuerda cómo, durante la década de 2000, trabajaban desde una oficina en Donetsk, dedicando largas jornadas a robar dinero a víctimas en el extranjero. Por las noches, cambiaba de rol y se convertía en DJ Slava Rich, pinchando música en la ciudad.
“El cibercrimen era dinero fácil… Los bancos no sabían cómo reaccionar y la policía de Estados Unidos, Ucrania y Reino Unido no daba abasto”, recuerda con una mezcla de nostalgia y picardía.
Tras una serie de interceptaciones de mensajes y una operación del FBI llamada Trident Breach, muchos de sus compañeros fueron detenidos, pero Penchukov logró escapar gracias a su Audi S8 con motor Lamborghini y a la ayuda de un amigo. Incluso cuando el FBI dejó Ucrania, el hacker siguió operando bajo perfil, montando un negocio de carbón mientras la policía occidental seguía tras su pista.
La llegada del ransomware transformó su carrera: los ataques ya no eran solo robos rápidos, sino elaboradas operaciones con pagos millonarios. Por ejemplo, algunos hospitales estadounidenses llegaron a pagar US$20 millones tras ser paralizados por estos ciberataques.
Aunque hoy está tras las rejas, Penchukov mantiene una rutina activa: estudia, practica deporte y aprende idiomas. Sin embargo, niega haber sido responsable de ciertos ataques, como el de un hospital en Vermont en 2020 que dejó 5.000 computadoras inhabilitadas y pérdidas superiores a los US$30 millones, aunque admite haber colaborado para reducir su condena.

Sus víctimas, por otro lado, recuerdan los estragos que provocaron sus bandas. Leslee, dueña de un negocio familiar en Albuquerque, describe cómo un solo golpe de US$12.000 afectó su empresa y generó miedo, frustración y rabia entre su familia.
“No hay nada que podamos decirles que les afecte… Ni siquiera le dedicaría un minuto”, dice Frank, su esposo.
Penchukov confiesa que la paranoia es constante entre hackers: los amigos de ayer pueden convertirse en informantes al día siguiente. Por eso, asegura, evitó cualquier contacto con Yakubets tras su sanción en 2019.

Hoy, con dos condenas de nueve años y una multa de US$54 millones, Penchukov espera salir antes de tiempo, mientras reflexiona sobre un mundo digital que combina ingenio, traición y millones en juego. Sin embargo, los Yakubets y otros miembros de Evil Corp siguen en la sombra, con recompensas millonarias por su captura, demostrando que en el cibercrimen, el juego continúa.

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