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La #CDMX se ahoga… y no solo por la #lluvia: la #grasa de los #tacos también mete mano. 🌧️🌮

Ciudad de México es famosa por su comida callejera, pero lo que muchos no ven es que sus alcantarillas ya no pueden con tanta grasa. Y este año, con lo que las autoridades llamaron la temporada de lluvias más intensa en 40 años, la cosa se puso peor.

Las calles, casas, avenidas, el Metro y hasta el aeropuerto terminaron bajo el agua. Según especialistas, el caos no solo vino del cambio climático o del drenaje viejísimo, sino también del crecimiento de la ciudad y del hundimiento del suelo. Peeero hay un ingrediente que sí está en manos de la banda: la basura y la grasa que tiran a las coladeras.

Ricardo Munguía, quien coordina la infraestructura hidráulica en la capital, explicó que el drenaje termina “como con colesterol”, lleno de grasa que se pega y arma unos taponazos durísimos. De hecho, aseguró que 4 de cada 5 encharcamientos vienen de basura y cosas que jamás deberían estar ahí.

Gente como doña Gloria Pantaleón Heredia, de 79 años, ya lo tiene más que claro. Ella vive en Azcapotzalco y dice que cada lluvia fuerte se hace tremendo charcazo, sobre todo porque un puesto de tacos cercano no cuida sus escurrimientos y muchos vecinos tampoco ayudan recogiendo su basura. “Si fuéramos conscientes y barriéramos nuestra banqueta…”, comenta mientras sostiene su escoba.

Este problema no es exclusivo de México: Londres y Nueva York también han batallado con los famosos fatbergs, esas masas de grasa gigantes que pueden pesar más de 100 toneladas. Pero la capital mexicana tiene un combo complicado: zonas que se hunden hasta 50 cm por año, tuberías con más de cinco décadas encima y un crecimiento urbano que rebasó la infraestructura.

Mauricio González González, director de Servicios Urbanos en Cuauhtémoc, lo resume fácil: “Llueve más, pero el drenaje está hecho para la ciudad de hace 50 años”.

Y claro, está la gastronomía chulada de la CDMX. Con más de 10,000 taquerías registradas, sin contar los puestos y tianguis que ni figuran, la cantidad de grasa que se genera diario es monumental. Suadero, carnitas, gorditas, chicharrón, churros… todo eso va dejando rastros. Omar Arellano-Aguilar, experto de la UNAM, hasta bromeó que cada que alguien se echa un taco de suadero debería sentirse “corresponsable” de las inundaciones.

Aunque por ley los negocios deben entregar sus aceites y grasas a servicios de recolección, la realidad es que muchos los tiran directo al fregadero o a la coladera pluvial, donde se endurecen y forman pedazos sólidos que parecen piedras claras.

Munguía explicó que estos bloqueos son pesadísimos de quitar: la basura se saca, pero la grasa no se disuelve y hay que meterse con mangueras de alta presión y camiones de desazolve. Por eso varias alcaldías, como Cuauhtémoc, han lanzado campañas para recolectar más aceite usado.

Gente como Ignacio Rodríguez, vendedor de chicharrón en varios tianguis, asegura que él sí cuela su aceite y tira bien la manteca, pero reconoce que “hay muchos que no lo hacen”. Para él, las multas estrictas serían la única forma de obligarlos.

Cuando termina la temporada de lluvias, en octubre, comienza el trabajo pesado para las cuadrillas de limpieza: desazolvan, retiran raíces, reemplazan tuberías y se topan con los casos más grotescos. Este año, la ciudad triplicó su flota de vehículos, sumando 40 camiones nuevos para desazolve y mantenimiento.

En una jornada reciente en el Centro Histórico, al abrir una coladera, un olor espantoso salió directo a la calle. Tras media hora de maniobras, los trabajadores sacaron al verdadero villano: un bloque de grasa de medio metro, una especie de “piedra” pegajosa que tenía toda la red hecha nudo.

💬 Notiamigs, si no queremos nadar hacia la chamba, toca ser más conscientes con lo que tiramos. Las coladeras no son basurero.

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Autor Redacción Amaneciendo

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