En el corazón de Polanco, la zona conocida como Polanquito vive una transformación acelerada que ha borrado casi por completo al comercio de barrio. En la calle Virgilio, donde hoy predominan restaurantes destinados a turistas y clientes de alto poder adquisitivo, el número 9 está a punto de perder a tres de sus últimos negocios tradicionales: dos fruterías y una tortería que no han logrado resistir el incremento desproporcionado de la renta.

La frutería Pepe, con medio siglo de historia en la zona y dos décadas instalada en este pequeño local, comparte el espacio con otros dos negocios que en conjunto pagan 70 mil pesos mensuales. Los arrendadores buscan ahora duplicar esa cantidad, un aumento imposible de sostener para los locatarios, quienes ya fueron notificados de que deberán desocupar el espacio en los próximos meses. El desalojo formal se concretará en febrero, bajo el argumento de que sus negocios ofrecen una mala presentación frente a los nuevos proyectos gastronómicos que dominan la zona.
Mientras alrededor abundan terrazas, bancas, sombrillas y menús dirigidos a un público exclusivo, la frutería continúa atendiendo a más de 40 clientes diarios y entregando hasta 25 pedidos a domicilio, con frutas de temporada que han dado identidad a la calle durante décadas. Estefanny Bonifacio, heredera de tercera generación del negocio fundado por Luis Villagrán Bonifacio, expresó entre lágrimas que su trabajo siempre ha sido noble y cercano a la comunidad, un servicio cotidiano que difícilmente puede competir con el músculo financiero de los nuevos inversionistas.
Para Mayte de las Rivas, presidenta de La Voz de Polanco, el caso de la frutería es un símbolo del declive de los negocios tradicionales que alguna vez abundaron en la zona. Recuerda que hace apenas 15 años había papelerías, tintorerías, reparadoras de calzado y sastrerías que hoy han desaparecido, absorbidas por la creciente oferta de restaurantes. A pesar de la normatividad que debería limitar nuevos giros de comida, reconoció que la ley no ofrece ninguna protección a quienes llevan décadas operando y enfrentan incrementos de renta imposibles de pagar.
La familia ha intentado reubicarse, pero los costos en Polanco son inalcanzables: traspasos de hasta 3 millones de pesos, rentas de 150 mil mensuales, seis meses de depósito por adelantado, 100 mil pesos de IVA y un aval con escritura libre de gravamen. Alejandro Gutiérrez lamentó que empresarios con grandes capitales llegan con la intención de sustituir negocios históricos sin reparo alguno. En Polanco, afirmó, el dinero ha desplazado a la tradición, dejando claro que la historia pesa menos que la inversión millonaria que hoy domina el rumbo del barrio.
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