En México, donde la violencia ya forma parte del panorama diario, el homicidio del alcalde Carlos Manzo, de Uruapan, Michoacán, se convirtió en un caso que no deja de mover emociones ni titulares. Han pasado tres semanas y, lejos de apagarse, el impacto sigue creciendo.

Manzo —carismático, directo y famoso por su sombrero de palma— se convirtió en una figura simbólica por su postura de “cero tolerancia” frente al crimen. Su muerte ocurrió el 1 de noviembre, justo en Día de Muertos, y el hecho terminó marcando un antes y un después para muchos 🕯️.
A diferencia de otros casos —y eso que en México matan en promedio a un presidente municipal por mes—, el suyo detonó debates, análisis y hasta mensajes políticos encontrados: unos que buscan bajarle el peso al asunto y otros que lo usan de arma en la arena política.
Desde entonces, la presidenta Claudia Sheinbaum ha mencionado el caso casi diario en sus conferencias y lanzó un plan grande para intentar pacificar Michoacán, un estado donde las disputas criminales y la infiltración en instituciones ya son parte del paisaje.
Las autoridades han realizado una decena de detenciones, incluyendo a varios escoltas del propio Manzo y a Jorge Armando N., “El Licenciado”, señalado como coordinador del crimen. El autor material, un joven de 17 años llamado Víctor Ubaldo, murió abatido junto con dos cómplices momentos después del ataque.
Aunque el móvil no está totalmente claro, la línea principal apunta a una disputa en la región entre una célula del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y un grupo de autodefensas en zonas de cultivo de limón y aguacate.
Un perfil que ya sonaba fuerte.
Uruapan, con unos 400,000 habitantes y epicentro de la multimillonaria industria del aguacate, tenía en Manzo a un alcalde que no se andaba con rodeos. De 40 años, venía de Morena, pero compitió como independiente para marcar distancia de los viejos esquemas de poder.

Su fama creció cuando, como diputado y después como alcalde, denunció sin miedo el “descontrol” de la violencia, la “complicidad” entre criminales y políticos, y hasta reveló campos donde grupos armados reclutaban y entrenaban niños. También expuso redes de extorsión en toda la cadena agroindustrial.
Cuando tomó la alcaldía en octubre de 2024, se enfocó en limpiar policías y fiscalías, recuperar zonas calientes y hasta cancelar eventos públicos —incluido el Grito de Independencia— por el riesgo de ataques.
Él mismo lo advirtió en entrevista: “No quiero ser un presidente municipal más de la lista de los ejecutados.” Y en redes, dejó un mensaje que hoy muchos retoman: “A mí me podrán matar… pero afuera hay un pueblo cansado de las extorsiones. Si nos tocan a uno, tocan a todo Uruapan.”

Ese discurso dio vida al ya conocido Movimiento del Sombrero, que usa el sombrero de palma como símbolo de resistencia y que está agarrando fuerza más allá de Michoacán 😤🤠.El crimen que refleja un problema nacional
Lo que pasó en Uruapan no es exclusivo del estado. En Guerrero, Zacatecas, Colima, Morelos y el Estado de México, la combinación de captura institucional, fragmentación criminal y disputas constantes pinta un panorama similar. Y en lugares como Guanajuato, Chihuahua o Sinaloa, el crimen organizado es parte de la rutina diaria.
Michoacán ha sido laboratorio de políticas de seguridad durante años: Calderón, Peña Nieto y López Obrador lanzaron sus propios planes de pacificación… ninguno funcionó. Y en la década pasada, las autodefensas aparecieron como alternativa ciudadana, pero terminaron aumentando la violencia y fragmentándose.
Algunas de esas escisiones hoy están ligadas al conflicto que habría terminado con el asesinato de Manzo.
Sheinbaum llegó a la presidencia con una estrategia basada en depurar instituciones, mejorar coordinación y profesionalizar policías. Según cifras oficiales, se redujeron los homicidios 37%, se detuvo a casi 40,000 personas y se destruyeron 1,500 laboratorios de drogas ilegales. Pero las desapariciones crecieron 13%, con un promedio de 41 personas desaparecidas al día.

El politólogo Carlos Pérez Ricart resume bien el sentimiento nacional: mientras las cifras generales muestran mejoras, en varias regiones la violencia no baja. Y agrega algo que muchos comentan: que el liderazgo de Manzo, el simbolismo del Día de Muertos, la fuerza del Movimiento del Sombrero y el papel de su esposa, Grecia Quiroz, quien lo sustituyó en la alcaldía y suena para la gobernación, hacen que esta historia apenas empiece a escribirse.
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