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“Cuando el #amor pide otra ruta”: La historia de la s#exóloga que decidió abrir su #matrimonio. 💬💘

Cuando Ilana Eleá —escritora, doctora en Educación y terapeuta sexual— cumplió diez años casada, tomó una decisión que marcaría un antes y un después: en pleno brindis de aniversario con champagne, le propuso a su esposo abrir la relación. Sí, así como lo lees 😅.

La idea no salió de la nada. Mientras escribía sus libros “Emma y el sexo” y “Emma y el Poliamor”, Eleá se metió de lleno a estudiar el tema, y terminó usando “la carta de Emma” para plantear el cambio en su propia vida. Su marido aceptó, y hoy, instalados en Suecia desde 2011, llevan cinco años viviendo lo que ella misma llama una “relación mixta”.

Pero ojo: Ilana no romantiza nada. Dice que un tercio de las parejas que se abren terminan… pero que las monógamas también se separan en ese mismo porcentaje. Para ella, la onda no es abrir por abrir, sino elegir el formato que más se ajusta a tu forma de amar.

¿Qué significa “no monogamia consensuada”?

Eleá explica que prefiere hablar de no-monogamias, en plural. Todo aquello donde las personas involucradas acuerdan flexibilizar la exclusividad —ya sea sexual, afectiva, romántica o erótica— entra en esta categoría.

No hay jerarquías del tipo “quién es más ético o evolucionado”; en la sexología eso no aplica. Desde el swing hasta el poliamor, todo cabe siempre y cuando haya consenso real, no imposiciones.

¿Y cómo empieza una pareja a abrir su relación?

Ilana cuenta que muchos arrancan con el famoso “don’t ask, don’t tell”: “No me digas nada y yo tampoco pregunto”.
Pero es un modelo que se cae rapidísimo por falta de honestidad. Empiezan las dudas, los miedos, las historias en la cabeza… y termina alejando más que acercando.

Por eso sugiere hacerlo en tres pasos:

1. Inventario emocional

Antes de hablar con la pareja, toca revisar qué quieres, qué te falta, qué te da curiosidad y qué límites tienes. Todo contigo mismo, sin juzgarte.

2. Diálogo sincero

Nada se mueve sin acuerdos claros. Qué sí, qué no, con quién, cómo y bajo qué ritmo emocional. Sin ridiculizar los límites del otro.

3. Red de apoyo

Leer, escuchar podcasts, buscar grupos o terapia con profesionales que trabajen desde la pluralidad. Abrir una relación también significa romper estigmas.

¿Sirve abrir una relación para “salvarla”?

Rotundo: no. Ilana dice que cuando una pareja está mal y quiere “arreglarla” abriendo la relación, eso truena sí o sí.
La apertura funciona cuando la pareja ya tiene buena comunicación y quiere explorar juntas, no cuando intenta tapar un problema.

Relación abierta vs. poliamor: ¿qué cambia?

La diferencia es enorme:

  • Relación abierta: permite sexo casual sin romance. La pareja sigue siendo la base.
  • Poliamor: integra vínculos afectivos y amorosos con otras personas; abraza la famosa New Relationship Energy.

También existe el poliamor jerárquico, donde la pareja principal tiene prioridad, y el no jerárquico, donde no todo gira en torno a “la pareja”.

Y todavía más radical: la anarquía relacional, donde ni la amistad ni el amor se clasifican en cajitas tradicionales.

¿Y qué pasa si uno quiere sexo casual y el otro sí se enamora?

Se puede negociar. De hecho, Eleá vive un acuerdo mixto: ella tiene un pie en el poliamor y su esposo prefiere encuentros casuales.
Dice que entender la naturaleza del deseo y de la pasión, además de leer y hablar muchísimo, ayuda a manejar estas olas emocionales sin miedo.

La monogamia obligatoria: ¿de dónde viene?

Para Ilana, la monogamia es algo que no elegimos, solo se nos impone culturalmente: leyes, religión, cuentos, moral, familia… todo direcciona hacia un amor “de a dos”.
Y encima, históricamente esa regla se aplicaba de forma desigual: los hombres con libertad y las mujeres castigadas.

Por eso defiende que lo valioso es poder elegir, ya sea monogamia o cualquier otro formato, mientras sea consensuado.

Reacciones, críticas y estigmas

Cuando contó su historia en un medio grande, recibió 2,500 comentarios de odio. Desde quienes le decían que era “traición gourmet” hasta quienes aseguraban que no era “amor verdadero”.

Pero también recibió muchísimo apoyo y mensajes de personas que, gracias a su testimonio, se animaron a explorar y hablar del tema.
Según ella, quienes viven no-monogamias son tan felices como quienes son monógamos en términos de satisfacción emocional y sexual.

Los miedos más comunes

  • En hombres: compararse con otros, tema de virilidad.
  • En mujeres: miedo al abandono y al juicio social.
  • En ambos: ¿qué va a decir la gente?

La diferencia es que en la no monogamia consensuada todo eso se habla, no se esconde.

¿Se habla más en relaciones abiertas?

Mil veces más. Ilana dice que es “comunicar hasta morir”: pasos atrás, pasos adelante, pedir cariño, explicar heridas, renegociar.
No se abre la relación para después callar: se abre para hablar más.

¿Es más feliz hoy?

Ella responde: sí, totalmente.
Cuenta que llegó al poliamor después de sanar una historia de infidelidad que la marcó profundamente. La monogamia le dio seguridad por años, pero con el tiempo el deseo en su matrimonio bajó —algo que pasa en el 40% de las parejas con más de diez años juntas.

Fue leyendo a Esther Perel y escribiendo su trilogía que descubrió otro camino posible.

El momento clave: el brindis de aniversario.

En su décimo aniversario, sin regalos materiales, decidió ofrecer algo distinto. Con el champán en mano, soltó la propuesta:
“¿Qué te parece si abrimos nuestra historia?”

Y desde ahí llevan casi cinco años caminando este acuerdo, convencidos de que no existe una sola manera de amar.

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Autor Redacción Amaneciendo

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