La cosa se puso tensa en Estados Unidos. El gobierno de Donald Trump metió cambios migratorios bien radicales y eso ya pegó directo en uno de los pasos más importantes para miles de residentes legales: las ceremonias de naturalización están siendo canceladas sin aviso claro.

Todo esto se desató después de que un refugiado afgano fuera acusado de un ataque armado contra dos miembros de la Guardia Nacional en Washington. Desde entonces, la administración Trump decidió pausar el proceso de ciudadanía para personas de 19 países incluidos en la prohibición de viaje que la Casa Blanca anunció a inicios del año.
Mientras tanto, historias como la de Raouf Vafaei, un trabajador de salud mental originario de Irán, muestran el impacto directo. El vato ya había pasado todas las pruebas, entrevistas y revisiones de antecedentes. Incluso su mamá ya tenía listo el outfit para la ceremonia. Pero hace unos días, un correo de apenas cuatro líneas le avisó que su ceremonia en Arizona quedaba cancelada hasta nuevo aviso.
“Estaba bien emocionado”, contó Vafaei, quien lleva ocho años viviendo en EE. UU. y que veía la naturalización como el cierre de un sueño familiar. Ahora solo puede “esperar”.
Y no es el único caso. Personas de Irán, Somalia, Eritrea, Sudán, Haití y otros países de la lista restringida están viendo cómo sus ceremonias y entrevistas se cancelan de última hora. Algunos hasta traen sus documentos encima “por si las moscas”, ante miedo a ser cuestionados por agentes migratorios.

La agencia encargada del proceso, USCIS, no ha querido soltar cifras sobre cuántos están siendo afectados, pero abogados migratorios en varios estados reportan cientos de casos congelados.
La justificación oficial del gobierno es que estas medidas son necesarias para evitar el riesgo de “terroristas extranjeros” y personas que rebasan sus visas. Pero abogados aseguran que sus clientes ya habían sido investigados múltiples veces antes incluso de pedir la ciudadanía.
La confusión llegó al grado de que en Boston, 21 personas atendidas por Project Citizenship fueron avisadas este mes de que no podrían participar en su ceremonia. Una mujer haitiana con más de 20 años de residencia legal llegó al acto, solo para que funcionarios revisaran el país de origen de cada persona y la sacaran de la lista en ese mismo momento.
“Hay mucho miedo”, dijo el personal del grupo, que intenta calmar a la gente ante la incertidumbre.
En Texas, Rosanna, nacida en Libia pero ciudadana canadiense, también recibió un correo inesperado cancelando su ceremonia. Ella ya había compartido las buenas noticias con sus compañeros del hospital donde trabaja. “Definitivamente no me siento bienvenida”, comentó, lamentando que quizá no podrá votar en las elecciones de mitad de periodo.
Este endurecimiento tampoco se limita a las ceremonias. Este año, el gobierno de Trump implementó un examen de civismo más difícil, revisiones de redes sociales más estrictas y órdenes para que los funcionarios evalúen más “atributos positivos” como estabilidad laboral y cuidado familiar.
Además, la Corte Suprema acaba de aceptar un caso histórico relacionado con la constitucionalidad de la ciudadanía por nacimiento, lo que podría definir el futuro de millones. Y en el Congreso, el senador Bernie Moreno presentó una iniciativa para eliminar la doble ciudadanía.
Aun así, algunos logran llegar al final del camino. En un juzgado de Manhattan, 149 personas lograron jurar bandera este viernes, entre aplausos, rosas tricolor y banderitas ondeando.
Una de ellas fue Maureen Lissade, originaria de Alemania, quien decidió naturalizarse para “estar más segura”, porque incluso con más de una década viviendo legalmente en el país, “se oyen historias” que ponen nervioso a cualquiera.
Por ahora, miles siguen en pausa, amiks, sin fecha y sin explicación. Y como dijo Vafaei, el iraní cuyo correo nunca llegó con buenas noticias:
“Lo único que puedo hacer es esperar”.
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