Cuba enfrenta un combo de enfermedades virales que tiene a la población al borde del colapso. Entre dengue, chikungunya y oropouche, sumados a virus respiratorios como la covid, los cubanos viven con miedo de enfermarse mientras el país lidia con escasez de alimentos, medicinas y electricidad.

“Matanzas parece una ciudad de zombis… así andamos, doblados, adoloridos. Basta con salir a la calle y mirar”, escribió la periodista Yirmara Torres Hernández, describiendo la realidad que muchos viven hoy en la isla. La gente reporta fiebre alta, sarpullidos, vómitos, diarrea y dolores fuertes en las articulaciones, con secuelas que se prolongan semanas o meses.
El gobierno cubano y la OMS/OPS reconocen al menos 47 muertes por estos virus, aunque expertos y activistas sospechan que el número real es mucho mayor. La propagación es tan rápida que solo en una semana los nuevos casos de chikungunya aumentaron un 71%, llegando a un total de 25,995 contagios, según la OPS.
Los hospitales, por su parte, no dan abasto. Silvia (nombre ficticio) cuenta que en Pinar del Río su madre y su abuela sufren fiebre alta y dolores tan intensos que no pueden levantarse de la cama. “No hay condiciones para atender a las personas. Todo está colapsado. Solo te mandan hidratación y analgésicos”, explica.

Hansel, ingeniero de La Habana, recuerda cómo empezó con dolor en las rodillas, que luego se extendió a todo el cuerpo, acompañado de fiebre y sarpullido: “Era como tener artritis de golpe, sentía que tenía el cuerpo de una persona mayor. Pasé tres días con 39ºC y dolores por todos lados”.
El problema se agrava con factores externos: apagones, falta de agua y acumulación de basura hacen que los mosquitos se reproduzcan sin control. “Si no hay luz y no puedes usar ventiladores o aire, los mosquitos entran y te pican”, lamenta Hansel.
La crisis sanitaria también se siente por la falta de personal. Miles de médicos han emigrado en los últimos años, dejando servicios desbordados, turnos sin cubrir y salarios de apenas 30 dólares al mes, mientras los hospitales carecen de equipos, insumos y medicinas básicas.

El gobierno ha implementado campañas de fumigación y vigilancia epidemiológica, pero la situación extrema favorece la propagación de los virus. La OMS/OPS señala que las condiciones higiénicas en los hogares y barrios son clave: basura acumulada y agua estancada son caldo de cultivo para los mosquitos.
Además de las muertes, las secuelas preocupan: muchos pacientes continúan con dolores y limitaciones semanas o meses después de enfermarse. Hansel sigue con molestias en manos, hombros y espalda: “Me cuesta hasta abrir tarros o cerrar la mano”.

Cuba se autodefine como una “potencia médica” por logros pasados, como la formación de médicos y vacunas propias, pero hoy su sistema sanitario está al límite, y los cubanos deben enfrentarse a estos virus prácticamente solos.
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