Donald Trump quiere que Estados Unidos se quede con el petróleo de Venezuela y que las empresas estadounidenses reactiven la industria petrolera del país sudamericano. El problema es que el principal comprador de ese crudo ya está volteando a otro lado: China.

Durante años, China ha sido uno de los mayores clientes del petróleo venezolano, pero su consumo empieza a bajar conforme avanza —y rápido— en la transición hacia vehículos eléctricos y energías limpias. Expertos consultados por CNN coinciden en que, incluso con la reciente intervención militar de EE.UU. en Venezuela, el impacto para China sería limitado.
¿La razón? China puede conseguir el petróleo que aún necesita en otros lados, como Rusia o Irán, y además muchos analistas aseguran que el país ya alcanzó o está muy cerca de su “pico petrolero”.
De acuerdo con CNN, la administración Trump pidió a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, que rompa relaciones con China, Irán, Rusia y Cuba, y que apueste exclusivamente por una alianza con Estados Unidos en materia petrolera. Desde Pekín, la respuesta fue inmediata: el Ministerio de Relaciones Exteriores chino calificó la presión de Washington como “intimidación” y una violación al derecho internacional.
Para dimensionar el tema, China es el mayor importador de petróleo del mundo, así que cualquier cambio en su demanda sacude al mercado global. Sin embargo, los expertos señalan que la tendencia es clara: mientras Estados Unidos insiste en perforar más pozos dentro y fuera de su territorio, China acelera en energías renovables y movilidad eléctrica.

El cambio se nota sobre todo en el transporte. El año pasado se vendieron 18.5 millones de vehículos eléctricos en el mundo, y más de 11 millones fueron en China, según la firma Rho Motion. Empresas como BYD, que ya superó a Tesla como el mayor vendedor global de autos eléctricos, ahora buscan conquistar mercados fuera del país, sobre todo en el sur global.
“Esto ya no tiene reversa”, dijo Li Shuo, director del centro climático de China en el Instituto de Política de la Sociedad Asiática. A diferencia de Estados Unidos, donde la política de autos eléctricos ha sido irregular, en China los vehículos eléctricos ya están totalmente consolidados.
Aunque otros sectores como el petroquímico o el combustible para aviones todavía crecerán, Venezuela solo envía entre 400 mil y 500 mil barriles diarios a China, una cantidad menor frente al total que importa el gigante asiático, explicó Janiv Shah, de la energética noruega Rystad. Incluso si Washington reduce ese flujo, China simplemente cambiaría de proveedor.
En pocas palabras: Venezuela necesita más a China que China a Venezuela. Y a largo plazo, la presión de Estados Unidos podría empujar aún más a Pekín a reforzar su independencia energética.
China ya construye cientos de gigavatios en energía solar y eólica, expande su capacidad nuclear y hasta impulsa proyectos de energía de fusión, mientras que la estrategia estadounidense en Venezuela refleja, según Shuo, una apuesta por la energía del pasado.
“La mayor economía del mundo está adoptando un enfoque petroestatal”, advirtió el analista. “Y eso deja claro quién está corriendo hacia el futuro… y quién se está quedando atrás”.
📰💬 Mientras Trump mira al petróleo venezolano, China ya está pensando en cómo mover al mundo sin gasolina. El juego energético global está cambiando, y no todos van al mismo ritmo.
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