La Asociación del Servicio Exterior Mexicano lanzó un pronunciamiento público para condenar el hostigamiento y el acoso laboral dentro de las embajadas y representaciones de México en el extranjero, advirtiendo que estas prácticas son contrarias a los principios del cuerpo diplomático de carrera. Aunque el comunicado no menciona nombres, llega justo después de que se hiciera público el caso de la embajadora saliente en Reino Unido, Josefa González Blanco Ortiz Mena, señalada por acumular 16 denuncias formales por acoso laboral durante su gestión en Londres.

En su posicionamiento, la organización exigió a la Secretaría de Relaciones Exteriores no encubrir las denuncias y asumir con seriedad su papel en la prevención, atención y eventual determinación de responsabilidades. El mensaje fue directo: si la Cancillería decide mirar hacia otro lado, se pone en riesgo la cohesión interna de los equipos diplomáticos, se deteriora el ambiente laboral y se afecta la eficiencia de las representaciones, en un contexto donde México ya enfrenta retos importantes en su imagen internacional.
El pronunciamiento, aunque presentado como general, parece tener dedicatoria. Josefa González Blanco dejará el cargo en días para ser reemplazada por Alejandro Gertz Manero, exfiscal general, en un movimiento que ya generaba cuestionamientos por el simbolismo político. Ahora, con las denuncias en mesa, la salida de la embajadora se interpreta también como un cierre incómodo, sin sanciones claras y con una sombra de impunidad institucional.
El tema escaló luego de que El País publicara el 20 de enero un reportaje donde documenta testimonios de trabajadores sobre prácticas autoritarias al interior de la embajada. Según lo descrito, el personal era tratado como servidumbre, se imponían dinámicas de castigo y aislamiento, y hasta se habría usado el recinto diplomático para actividades personales como fiestas, mientras la labor sustantiva de fortalecer vínculos políticos, económicos y culturales quedaba relegada.
La Asociación del Servicio Exterior Mexicano subrayó que tolerar estas conductas debilita no solo la moral interna, sino la operación misma del aparato diplomático. En esencia, denunció que la Cancillería no puede presentarse como institución profesional mientras permite que en el extranjero se reproduzcan dinámicas de abuso laboral, autoritarismo y arbitrariedad que destruyen equipos completos.
El caso vuelve a exhibir un problema de fondo: la entrega de embajadas como premio político. González Blanco, cercana al expresidente Andrés Manuel López Obrador, recibió una de las representaciones más codiciadas de Europa sin formar parte del Servicio Exterior Mexicano ni contar con experiencia diplomática, una práctica heredada del viejo régimen priista que Morena prometió erradicar pero terminó replicando con otros nombres.
En ese sentido, la denuncia no es solo sobre acoso laboral: es sobre el desgaste institucional que provoca el uso patrimonialista de la política exterior. Cuando las embajadas se reparten por lealtades, se abren espacios para abusos de poder, se rompe la lógica profesional del Servicio Exterior y se normaliza que el Estado encubra a figuras cercanas al poder aunque existan denuncias formales en su contra.
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