La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se limitó a publicar un mensaje en redes sociales pidiendo a la población mantenerse en calma e informarse por canales oficiales, mientras 20 estados del país ardían en bloqueos, incendios y enfrentamientos. Su declaración inicial ante medios fue escueta: en unos momentos el Gabinete de Seguridad va a dar mayor información, dijo, dejando que la Sedena y las dependencias federales cargaran con el peso comunicativo de una crisis de dimensiones nacionales.

La mandataria aseguró que existía absoluta coordinación con los gobiernos de todos los estados y que en la mayor parte del territorio nacional las actividades se desarrollaban con plena normalidad, una afirmación que chocaba frontalmente con los 252 bloqueos documentados por su propio Gabinete de Seguridad en 20 entidades federativas.
Mi reconocimiento al Ejército Mexicano, Guardia Nacional, Fuerzas Armadas y Gabinete de Seguridad, expresó Sheinbaum. Trabajamos todos los días por la paz, la seguridad, la justicia y el bienestar de México. Palabras que suenan bien en un comunicado pero que difícilmente consuelan a quienes vieron arder sucursales bancarias, tiendas y vehículos en sus comunidades.
Analistas como Octavio González Segovia han advertido que Sheinbaum está cediendo demasiado frente a Trump en materia de seguridad. El académico señala que las concesiones de la presidenta, desde la suspensión de envíos de petróleo a Cuba hasta la entrega de agua a agricultores texanos, apaciguan momentáneamente a Washington pero a la larga le van a costar muy caro a México.
La estrategia de cabeza fría que ha caracterizado a Sheinbaum frente a las provocaciones de Trump enfrenta ahora un dilema distinto: mostrar resultados internos sin parecer que actúa bajo órdenes de Washington. La caída de El Mencho le da oxígeno en la relación bilateral, pero la violencia posterior desnuda las limitaciones de una política de seguridad que sigue dependiendo de golpes espectaculares sin resolver el problema de fondo.
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