La caída de El Mencho y el revés arancelario que sufrió Trump en la Corte Suprema le dan a la presidenta Claudia Sheinbaum un respiro momentáneo en la compleja relación bilateral con Estados Unidos. La muerte del líder del CJNG le otorga margen de maniobra en su estrategia de seguridad ante las presiones crecientes del mandatario estadounidense para enviar tropas a territorio mexicano.

Sin embargo, el académico Octavio González Segovia advierte que las concesiones de Sheinbaum anticipan una fase de operaciones militares más abierta contra el crimen con participación estadounidense. Me parece que esto, más allá de procurarnos más seguridad, va a provocar mayor intervención, asegura el experto, quien señala que la presidenta ha cedido ante Trump en temas como la suspensión de envíos de petróleo a Cuba y la entrega de 431 millones de metros cúbicos de agua a agricultores del sur de Texas entre 2026 y 2030, a pesar de la sequía que afecta al noreste mexicano.
Parecía que los ataques militares quirúrgicos en contra de laboratorios de fentanilo en México eran una línea roja, señala González Segovia, pero dudo mucho que Trump respete esa línea. Trump está envalentonado y hasta el momento no hay nadie que lo detenga.
La estrategia de Sheinbaum se describe como la de una equilibrista: él declara, ella mide; él exige, ella responde; él ataca, ella promueve el diálogo. Pero el equilibrio tiene un límite, y cada concesión otorgada establece un precedente que el gobierno difícilmente podrá revertir.
El costo político interno también crece. La tensión podría afectar a Morena y a las Fuerzas Armadas si la cooperación bilateral se percibe como subordinación. La frase de Sheinbaum en México solo gobierna un ente y ese es el pueblo de México suena cada vez más como un mantra defensivo que como una declaración de fortaleza.
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