Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decide si ordena un ataque contra Irán, en Israel el ambiente está cargado de nerviosismo, resignación y expectativa.

En distintas ciudades, hospitales realizan simulacros de emergencia y vecinos comparten ubicaciones de refugios antibombas en grupos de WhatsApp. El temor es que un eventual ataque estadounidense arrastre al país a una nueva guerra con Irán, tras el conflicto de 12 días ocurrido en junio pasado rememberado por ataques aéreos y misiles balísticos.
Durante aquella confrontación, misiles iraníes impactaron zonas como Bat Yam y obligaron a millones de personas a refugiarse por horas. Según el gobierno israelí, al menos 32 personas murieron. También hubo daños en infraestructura clave, incluido el Centro Médico Soroka, que aún no ha sido completamente reconstruido.
Hoy, hospitales como el Centro Médico Sheba preparan áreas subterráneas para continuar tratamientos en caso de guerra y revisan reservas de medicamentos ante un posible conflicto de dos a cuatro semanas.

En las calles, el sentimiento es mixto. Muchos respaldan la postura del primer ministro Benjamín Netanyahu sobre el riesgo que representan los programas nuclear y de misiles iraníes. Sin embargo, una encuesta del Instituto Israelí para la Democracia señala que cerca de la mitad de la población solo apoyaría sumarse a una guerra si Israel es atacado primero.
Entre rumores de movilización militar y análisis constantes en televisión, figuras como Amos Yadlin han advertido sobre la incertidumbre del momento.
“Sabemos que si pasa algo, podría ser mucho peor”, dicen residentes que ya vivieron los impactos de la guerra anterior.

👀 Más allá de la política internacional, la incertidumbre ya se siente en la vida diaria. Refugios listos, hospitales en alerta y una población pendiente de cada declaración desde Washington. El pulso ahora está en manos de Trump.
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