El presidente Donald Trump lanzó una de sus declaraciones más contundentes sobre Cuba al asegurar que el régimen de la isla está cerca de su final y que su caída sería la guinda del pastel tras la ofensiva contra Irán y la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. En una entrevista con el medio Politico, el mandatario atribuyó la gravísima crisis que vive la isla a la estrategia de presión económica implementada por su administración.

Según Trump, el corte total del suministro de petróleo y recursos provenientes de Venezuela, junto con nuevas sanciones y aranceles a países que intenten abastecer a Cuba, ha dejado al gobierno cubano sin su principal fuente de apoyo externo. La isla enfrenta una escasez extrema de combustible, apagones generalizados y falta de productos básicos que tienen a la población al borde del colapso.
El mandatario confirmó que existen conversaciones en curso entre Washington y La Habana, aunque se encargó de precisar que estas responden a la necesidad de ayuda por parte del régimen cubano ante el hundimiento económico. Trump comparó la situación con el giro político en Venezuela tras la detención de Maduro, destacando la cooperación con Delcy Rodríguez y calificando la relación bilateral como excelente.
Desde la perspectiva de la Casa Blanca, la presión sobre Cuba no busca solamente su aislamiento económico sino un cambio político que altere el equilibrio de poder en el Caribe y fortalezca la influencia estadounidense en toda la región. Trump presentó este eventual desenlace como uno de los logros centrales de su política exterior, sumándolo a la ofensiva militar contra Irán y la intervención en Venezuela.
El tablero geopolítico del Caribe se mueve al ritmo que marca Washington. Cuba, aislada, sin aliados petroleros y con una economía en ruinas, enfrenta su momento más critico en décadas. La pregunta ya no parece ser si habrá cambios en la isla, sino cuándo y bajo qué condiciones se producirán.
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