LO ESENCIAL
El 16 de marzo de 1926, Robert Goddard elevó el primer cohete propulsado por combustible líquido en un campo agrícola de Auburn, Massachusetts. El vuelo duró apenas 2,5 segundos y alcanzó 12 metros de altura, un hito modesto que le valdría el reconocimiento póstumo como padre de la cohetería estadounidense.
Las teorías de Goddard sobre la viabilidad de los cohetes en el espacio exterior fueron objeto de burlas durante años. Críticos lo apodaron "el hombre de la luna" y argumentaban que los cohetes necesitaban aire para propulsarse, por lo que resultarían inútiles en el vacío.

El profesor de Física de la Universidad Clark mantuvo en secreto su primera prueba exitosa. Su cohete utilizaba gasolina y oxígeno líquido, una combinación que la NASA documentó como pionera en el campo.
CONTEXTO
Michael Neufeld, conservador principal jubilado del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano, señala que Goddard transformó la percepción pública sobre los viajes espaciales. El museo alberga la mayor colección de objetos vinculados a su trabajo.

El uso de combustible líquido permitió desarrollar cohetes más eficientes con mayor capacidad de carga. El Saturno V, que transportó a los astronautas a la luna en 1969, operaba con este mismo principio.
Brian Odom, historiador de la NASA, destaca que Goddard demostró que las teorías sobre propulsión espacial podían ejecutarse a escala práctica, aunque no vivió para ver el alunizaje.

EN PERSPECTIVA
El 17 de julio de 1969, un día después del despegue de Apolo 11, The New York Times publicó una corrección histórica. El diario, que años antes había calificado las ideas de Goddard como "una grave carga para la credulidad", admitió su error sobre el funcionamiento de cohetes en el vacío.
El reconocimiento pleno de su legado llegó décadas después de su muerte en 1945, cuando Estados Unidos consolidó su programa espacial tripulado.
Etiquetas: ciencia, espacio, NASA, historia, tecnología, exploración espacial, Nacional · Ciencia y Espacio
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