En Sinaloa, la violencia derivada de la fractura interna del Cártel de Sinaloa ha provocado que algunos sectores de la población comiencen a considerar una posible intervención militar de Estados Unidos como alternativa para frenar la inseguridad que afecta a la entidad desde hace casi dos años.

Mientras que a nivel nacional predomina el rechazo a esta propuesta impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump, en territorio sinaloense el debate ha tomado un matiz distinto debido al desgaste social, económico y emocional que ha dejado el conflicto entre facciones del crimen organizado.
Habitantes de ciudades como Culiacán describen un entorno marcado por el miedo constante, cierres de negocios, disminución de actividades nocturnas y desplazamientos de familias que buscan resguardarse de los enfrentamientos armados.
La situación ha generado que algunas personas expresen que aceptarían medidas extremas si estas permiten recuperar la tranquilidad, al considerar que los esfuerzos de las autoridades mexicanas no han sido suficientes para contener la violencia.

No obstante, otros sectores advierten que una intervención extranjera podría agravar el conflicto y provocar mayores riesgos para la población civil.
En medio de este escenario, fuerzas federales mantienen operativos de seguridad en la entidad, mientras el debate público crece entre quienes priorizan la soberanía nacional y quienes, ante el clima de inseguridad, buscan soluciones inmediatas para recuperar la paz.

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