LO ESENCIAL
La política monetaria del Banco de México ha vuelto a encender el debate sobre su verdadero mandato. En marzo de 2026, la institución recortó la tasa de referencia a 6.75% pese a que la inflación general anual alcanzó 4.6%, su nivel más alto desde octubre de 2024. Durante la primera quincena de abril, los precios siguieron en 4.53%, lejos del objetivo permanente de 3%.
La Junta de Gobierno justifica la relajación monetaria señalando que el crecimiento económico se ha desacelerado y la demanda interna pierde tracción. Según sus minutas, la inflación subyacente muestra moderación gradual, lo que abriría espacio para normalizar la política sin abandonar el compromiso antiinflacionario.
El argumento central distingue entre presiones de precios. Una parte del repunte provendría de componentes no subyacentes —alimentos y energéticos— donde la tasa de interés tiene escasa eficacia. Sin embargo, la propia institución elevó sus pronósticos: prevé inflación general de 3.5% y subyacente de 3.4% para el cuarto trimestre de 2026, ambas cifras revisadas al alza desde el 3.0% estimado anteriormente.
CONTEXTO
Esta corrección implica un reconocimiento tácito de que la desinflación será más lenta de lo proyectado. La distinción analítica entre tipos de inflación pierde fuerza en una economía abierta como la mexicana, donde el canal cambiario transmite rápidamente los choques externos hacia precios domésticos.

El tipo de cambio FIX se mantuvo en 17.27 pesos por dólar durante abril de 2026, reflejando fortaleza cambiaria. Pero esa estabilidad depende del diferencial de tasas, la liquidez del mercado de divisas y la credibilidad institucional.
El momento resulta crítico porque las expectativas de inflación ya muestran deterioro. Los analistas ajustaron sus proyecciones de cierre de 2026 a 4.20% o más, desde el 4.0% estimado a inicio de año. Cuando las expectativas dejan de converger rápidamente hacia 3%, la política monetaria requiere mayor cautela, no relajación.
EN PERSPECTIVA
La decisión de continuar recortando expone a la institución a un riesgo: amplificar los efectos domésticos de un choque que podría ser externo y transitorio. El tipo de cambio no es variable secundaria; constituye uno de los canales más potentes de transmisión inflacionaria.
La señal que envía el banco central al bajar tasas con inflación elevada sugiere un posible desplazamiento de prioridades, hacia un mandato dual no reconocido formalmente que equilibra precios con crecimiento.
Etiquetas: Banxico, política monetaria, inflación, tasa de interés, economía mexicana, tipo de cambio, Nacional · Economía cotidiana
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