LO ESENCIAL
Los fantasmas que respiran bajo la piel de Varsovia. May 15, 2026 | Internacional , Latinoamérica Emi Buchwald y la cartografía poética del trauma en No hay fantasmas en la calle Dobra . Por: Mauricio A. Rodríguez Hernández.
En el marco de la 2ª Semana de Cine Polaco en Costa Rica, celebrada del 14 al 17 de mayo de 2026 en el emblemático Cine Magaly, la proyección inaugural de No hay fantasmas en la calle Dobra ( título original en polaco, Na ulicy Dobrej nie ma duchów ) constituyó mucho más que una experiencia cinematográfica: fue una ceremonia íntima de exhumación emocional, una liturgia de la memoria urbana y familiar que encontró eco en las palabras inaugurales de Cezary Kruk, quien evocó el cine polaco contemporáneo como un espejo moral de las fracturas europeas actuales.

CONTEXTO
A ello se sumó la referencia inevitable al pensamiento de Tomasz Raczek, para quien el cine no debe entenderse únicamente como entretenimiento, sino como una experiencia de confrontación psicológica y social, un dispositivo que obliga al espectador a mirar las grietas de su propia existencia. Y precisamente ahí radica la potencia devastadora de la ópera prima de Emi Buchwald: en convertir el espacio doméstico en una topografía del inconsciente.

Lejos de la dramaturgia clásica y del relato complaciente sobre la juventud contemporánea, No hay fantasmas en la calle Dobra dinamita las estructuras narrativas convencionales para construir una obra que oscila entre el realismo urbano, la pesadilla psicoanalítica y el folklore metafísico polaco. Lo que inicialmente parece una historia sobre cuatro hermanos atrapados en la precariedad emocional de la adultez temprana, termina revelándose como una meditación dolorosa sobre la herencia invisible del trauma. La calle Dobra, cuyo nombre en polaco significa paradójicamente “buena”, emerge como una ironía espacial profundamente kafkiana.
EN PERSPECTIVA
No existe bondad alguna en sus habitaciones húmedas ni en los silencios espesos de sus pasillos; apenas sobrevive una asfixiante sensación de duelo suspendido. El apartamento no funciona como escenario: es un organismo vivo, una prolongación material de la psique fracturada de sus habitantes. Cada grieta, cada sombra y cada respiración contenida participan de una gramática emocional donde la arquitectura se convierte en síntoma. Buchwald filma Varsovia como si fuese una conciencia enferma. El gran hallazgo simbólico de la película reside en la figura del Dusiołek, esa criatura espectral proveniente del imaginario literario de Bolesław Leśmian.

En el folklore eslavo, el Dusiołek es el demonio que se posa sobr
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