LO ESENCIAL
En el desierto de Nazca, Perú, la inteligencia artificial ha resuelto uno de los misterios arqueológicos más grandes de la historia. La tecnología de aprendizaje profundo ha logrado en poco tiempo lo que a los humanos nos tomó un siglo: detectar más de 700 geoglifos en el suelo peruano.
Este avance se logró a través de un mapeo masivo que combinó satélites y drones de baja altitud, permitiendo a la IA analizar terabytes de imágenes en alta resolución. El algoritmo de la IA detectó contrastes y variaciones milimétricas en el terreno invisibles para el ojo humano debido a siglos de erosión.
CONTEXTO
En pocos meses, se descubrieron cientos de nuevas figuras, casi duplicando el catálogo histórico. Lo más insólito es que los científicos descubrieron que los antiguos pobladores crearon dos redes de comunicación totalmente diferentes.

Por un lado, figuras gigantescas y lineales, como el famoso colibrí, hechas en planicies para ser vistas desde el cielo y orientadas hacia rituales sagrados de agua y fertilidad para sus dioses.
EN PERSPECTIVA
Por otro lado, la IA encontró cientos de glifos más pequeños, grabados en relieves a las laderas de los caminos, que retratan humanos, llamas y escenas cotidianas, y que funcionaban como un sistema de señalización e ilustraciones para los antiguos viajeros que caminaban por las rutas comerciales.
La IA no solo encontró los trazos, sino que nos ayudó a entender que la arena de Nazca era, en realidad, el tablero de mensajes más grande del mundo antiguo.
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