En redes sociales existe un lenguaje secreto llamado Algospeak, que muchos usan para que sus publicaciones no pierdan alcance o sean ocultadas por los algoritmos. Básicamente es un código donde se sustituyen palabras “prohibidas” por otras: por ejemplo, dicen unalived en lugar de killed, pew pews para referirse a armas, o seggs para hablar de sexo. Suena raro, pero muchos sienten que no tienen otra opción.

Usuarios como Alex Pearlman, creador con millones de seguidores en TikTok, Instagram y YouTube, aseguran que esta práctica forma parte de su rutina. Pearlman cuenta que evita decir palabras como “YouTube” en TikTok porque, según su experiencia, esto hace que sus videos pierdan visibilidad. Incluso ha tenido que cambiar nombres de personas como Jeffrey Epstein, a quien llama “el Hombre de la Isla”, porque varios de sus videos sobre él fueron eliminados sin explicación. “Es como una caja negra; nunca sabes qué palabra hizo que tu contenido fracasara”, dice.
Aunque Meta, TikTok y YouTube insisten en que no existen listas oficiales de palabras prohibidas, la realidad es más complicada. Investigaciones y filtraciones muestran que estas plataformas sí han intervenido en qué contenido se amplifica o se silencia. Por ejemplo, TikTok tuvo políticas que limitaban transmisiones “controvertidas” o contenido de ciertos usuarios, y en 2023 reconoció tener un botón secreto llamado “heating” para viralizar algunos videos. YouTube también enfrentó demandas por desmonetización de contenido LGBTQ+, aunque aseguran que nunca hubo reglas explícitas al respecto.

El Algospeak no solo afecta a creadores famosos. Miles de usuarios han desarrollado eufemismos para evitar que sus publicaciones sean “penalizadas”, creando lo que expertos llaman “imaginario algorítmico”: la gente adapta su lenguaje según lo que cree que funcionará con el algoritmo, aunque muchas veces estén equivocados. Un ejemplo extremo ocurrió en agosto de 2025, durante manifestaciones por redadas de ICE en Los Ángeles: los usuarios comenzaron a hablar de un “festival de música” que nadie había organizado, solo para que el algoritmo no eliminara sus videos.
Este fenómeno ha fomentado un régimen de autocensura: algunos hablan de temas serios con un lenguaje ridículo, y otros prefieren evitar ciertos temas por completo para volverse virales. Ariana Jasmine Afshar, activista y creadora de contenido, comenta: “Nadie sabe qué funciona y qué no; estamos lanzando todo a ver qué se queda pegado”. Esto muestra que, aunque los algoritmos no sean perfectos, el lenguaje codificado influye en lo que la gente ve.

La experta Sarah T. Roberts, de la UCLA, explica que las reglas de las redes sociales son en gran parte autoritarias e invisibles, y que el objetivo final es dinero y publicidad. Los algoritmos priorizan contenido que mantenga a los usuarios enganchados y que no moleste a los anunciantes, más que proteger la libertad de expresión. Por eso, cada palabra que eliges puede afectar quién ve tu contenido y cómo se difunde.
En resumen, el Algospeak es una mezcla de estrategia, creatividad y miedo al algoritmo. Aunque suene absurdo, muchos creadores y usuarios lo usan para asegurarse de que su mensaje llegue, mientras navegan por un mundo digital donde las reglas nunca están del todo claras. 🌐
amaneciendo.com.mx Tu ventana al mundo