Aunque Estados Unidos presume que va tras el narco en altamar, la realidad —según funcionarios y especialistas— es que el ejército anda tirando golpes casi a ciegas. El Pentágono reconoce que, en la mayoría de los casos, no tiene idea exacta de a quién está matando, más allá de asumir que en las embarcaciones viaja alguien conectado con algún cártel y que hay droga a bordo.

Desde septiembre, más de 80 personas han muerto por estos operativos impulsados desde el gobierno de Donald Trump, una estrategia que, según expertos, deja más dudas que certezas. Y lo peor, dicen legisladores, es que la lógica tradicional contra el crimen organizado —detener, interrogar y escalar en la red— se está tirando por la borda.
“Le están pegando a la cola de la serpiente”.
Para figuras como el representante Jim Himes, demócrata de Connecticut, lo que está haciendo Estados Unidos va al revés de toda estrategia conocida.
“Antes buscábamos a la cabeza de la serpiente; ahora vamos por la cola. Estamos atacando a expescadores pobres que aceptaron unos dólares por transportar cocaína a Trinidad”, reclamó.
Y los riesgos no son menores:
Legisladores temen que estas muertes generen resentimiento, radicalización y que terminen creando más enemigos de los que eliminan. 🇺🇸💥

Lecciones olvidadas de la guerra contra el terrorismo.
Durante décadas, la CIA y el ejército aprendieron —a la mala— que para desmantelar redes se necesita entenderlas. Eso implicaba capturar a operadores de bajo nivel para llegar a los líderes. Pero volando barcos, advierten exdiplomáticos, no solo se pierde esa oportunidad, sino que también se destruyen pruebas clave.
“Si quisieras frenar el tráfico de drogas, esto no es lo que harías”, dijo Annie Pforzheimer, exdiplomática especializada en narcotráfico.
“Capturarías a la gente, la harías hablar, y así subirías niveles hasta la cúpula”.
¿Y entonces? ¿Son ataques o ejecuciones?
El ejército asegura que no se trata de “ataques por patrón”, como los que se usaron en tiempos de Barack Obama, cuando se golpeaba basándose en comportamientos sospechosos sin identificar con precisión a la persona.
Pero legisladores no están tan convencidos.
La representante Sara Jacobs, demócrata de California, fue directa:
“No escuché ninguna prueba que me convenciera de que no se trataba de ejecuciones extrajudiciales”, acusó.

Aunque la vigilancia con drones y satélites ha mejorado, los críticos insisten en que Estados Unidos está disparando primero y preguntando nunca, mientras operadores de bajo nivel —o incluso pescadores o migrantes sin vela en el entierro— siguen estando en la línea de fuego.
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