La reducción de la jornada laboral a 40 horas, ya encaminada hacia el Senado, ha encendido una tensión palpable en la industria automotriz, uno de los sectores más rígidos y sensibles a cualquier cambio en tiempos de producción. Aunque el debate avanza, las plantas advierten que modificar turnos en engranes que operan al límite podría desatar disrupciones profundas en un sector donde casi cuatro de cada diez trabajadores cumplen 48 horas semanales.

El análisis más reciente de Kelly confirma la fractura interna: solo 55% de las firmas automotrices respalda la modificación, mientras que el resto prevé un escenario complicado. Un 27.75% se dice parcialmente conforme; 9.57% rechaza la medida de forma directa y 7.66% aún no define postura, reflejando una industria dividida entre la búsqueda de eficiencia inmediata y la promesa de un equilibrio laboral a largo plazo.
De acuerdo con Norma Godínez, directora de recursos humanos de Kelly México, el reto no es la intención de la reforma, sino su implementación. Las empresas deben elegir entre reorganizar turnos, contratar más personal y absorber los costos operativos de inmediato, o apostar a que un mejor balance entre descanso y trabajo impulse la productividad sin forzar una reingeniería total de sus procesos.
Los datos del estudio profundizan las preocupaciones: 29.67% de los líderes anticipa una reestructuración completa de horarios, con efectos desde el abastecimiento de materiales hasta la logística interna, mientras que 23.44% prevé incrementos directos en gastos laborales por nuevas contrataciones y mayores contribuciones al IMSS. A esto se suma que solo 18.66% cree que la medida elevaría el bienestar del personal, lo que cuestiona la capacidad real de la reforma para mejorar el clima laboral.
La posibilidad de acelerar la automatización también surge en el horizonte. Un 10.05% apuesta a incorporar tecnología para cubrir el hueco que dejarían las horas recortadas en líneas que dependen de continuidad absoluta. Para Godínez, la inteligencia artificial ha dejado de verse como una amenaza y se ha convertido en una pieza estratégica para resistir el ajuste sin ampliar plantillas, siempre que exista capacitación y reconversión de habilidades.
El contexto laboral evidencia la magnitud del desafío: 39.26% de los trabajadores en el sector opera con jornadas de 48 horas y 28.18% incluso las supera, lo que significa que cambiar el esquema toca estructuras operativas asentadas durante décadas. Solo 8.85% labora menos de 40 horas, mientras que 24.02% está justo en ese límite, anticipando la necesidad de una ingeniería fina para no comprometer la producción.
Ante este panorama, la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz ha solicitado que la reforma se aplique de forma gradual y acompañada por modificaciones legales que permitan flexibilidad operativa, con la mira puesta en una adopción plena rumbo a 2030.
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