Casi 500 personas fueron detenidas la semana pasada en una #fábrica de baterías de #Georgia, propiedad de #Hyundai y #LGEnergySolution, marcando la mayor redada migratoria en un solo lugar en la historia del Departamento de #SeguridadNacional.

Lo curioso es que, según documentos revisados por The New York Times, al menos un trabajador estaba completamente legal con su visa de negocios B1 y aun así fue obligado a salir del país. Los registros internos del ICE mostraron que varios de los detenidos entraron con visas B1/B2 o a través del programa de exención de visa, diseñado para estancias cortas de negocios o turismo, y que solo uno tenía su estatus dudoso.
Dos tercios de los detenidos eran surcoreanos y casi todos regresaron a su país esta semana, aterrizando en Seúl el viernes, tras un día de incertidumbre mientras Donald Trump sugería permitirles quedarse para capacitar a trabajadores estadounidenses. Otros detenidos incluían personas de Japón, China, Indonesia, México y Colombia.
Charles Kuck, abogado de Atlanta, criticó la acción: “Si pasamos de aplicar la ley a quien la infringe a aplicarla a todo el mundo, cambiamos el país en el que vivimos”. Muchos de los trabajadores de Centro y Sudamérica tenían permisos de trabajo válidos y estaban legalmente en EE. UU., como el Estatus de Protección Temporal o la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia.
La redada puso de relieve cómo las empresas multinacionales traen trabajadores temporalmente para instalar y operar nuevas plantas avanzadas, sobre todo en un momento en que el gobierno federal empuja la manufactura avanzada en EE. UU. Hyundai y LG estaban instalando equipos para producir baterías para autos eléctricos, justo a semanas de finalizar la planta.
El tema de quién realizará los trabajos técnicos y el trabajo pesado ha cobrado urgencia, porque los programas tradicionales como la visa H-1B son limitados, caros y muy demandados. Por eso, las compañías han recurrido más a visas B1/B2, aunque el límite legal y las reglas para consultoría técnica no siempre son claras, según abogados locales.
Jongwon Lee, especialista en migración, explicó la confusión: “Instalar software o dar instrucciones de máquinas, ¿cuenta como consultoría? Nadie lo sabe”. Por eso, durante la redada, los agentes del ICE ni siquiera hablaban coreano y tuvieron que usar apps de traducción, lo que llevó a que muchos surcoreanos fueran detenidos por accidente, según Kuck.
La operación forma parte de un esfuerzo más amplio de deportaciones impulsado por la Casa Blanca este año, con objetivos diarios de miles de detenciones. Algunos de los trabajadores detenidos podrían volver más adelante, mientras que otros decidieron quedarse en EE. UU. con familiares que tienen green cards.
Julia Solórzano, del Centro de los Derechos del Migrante, señaló que esta redada fue especialmente complicada: “Detener a tantos trabajadores a la vez dificulta que reciban apoyo legal y afecta la manera en que pueden evaluar sus opciones de inmigración”.
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