César Fierro pasó más de 40 años en prisión en Texas, EE.UU., condenado a muerte por un crimen que nunca cometió. Durante casi la mitad de ese tiempo, estuvo en confinamiento solitario, donde sus días se llenaban de contar hormigas, mirar a las moscas, rasgar la pared con las uñas o cantar para no enloquecer.

Nacido en Ciudad Juárez, este hombre de 67 años fue acusado de asesinar a un taxista en 1979, después de haber trabajado como recolector de chiles en El Paso. Según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México (CNDH), Fierro fue presionado por la policía para firmar una confesión, amenazando con torturar a su madre y a su padrastro si no lo hacía.
“Si me pasó a mí, le puede pasar a cualquiera”, dice Fierro desde su pequeño departamento en Ciudad de México. Fue liberado en 2020, pero asegura que la justicia le quitó mucho más que la libertad: también perdió a su madre y quedó con secuelas físicas y psicológicas.
Durante años, Fierro sufrió abusos, privación de medicación y castigos extremos. En la Unidad Polunsky, pasaba 23 horas al día sin contacto humano ni luz natural, y fue sometido a medidas para evitar que se hiciera daño, como retirarle ropa, sábanas y la taza del baño.
A pesar de todo, nunca perdió la esperanza. “Siempre pensé que tarde o temprano iba a salir… y pasó”, recuerda con serenidad. Su caso se convirtió en uno de los más conocidos en EE.UU., siendo el recluso con más tiempo en el corredor de la muerte del país.

En 2020, un tribunal de Texas anuló su sentencia de muerte y le concedió libertad condicional, deportándolo a México. Pero la adaptación a la vida fuera de la cárcel no fue sencilla: no tenía casa, trabajo ni red de apoyo. La pandemia, dice, le ayudó un poco: la ciudad estaba vacía y pudo acostumbrarse poco a poco.
Junto al cineasta Santiago Esteinou, Fierro trabajó en el documental “La libertad del Fierro” (2024), continuación de “Los años del Fierro” (2014). Ambas piezas buscan reivindicar su figura y narrar su lucha por reconstruir su vida. Se estrenó el 10 de octubre en salas mexicanas y previamente en el Festival de Cine Toronto. 🎥
Hoy, Fierro intenta reinsertarse en la sociedad: toma clases de inglés, practica taichí, ha hecho cursos de cocina e incluso probó trabajar en un restaurante, aunque tuvo que dejarlo por ansiedad. Aún teme a lugares con mucha gente, como el metro y los autobuses, pero sigue adelante, paso a paso.

La CNDH recomendó una disculpa pública y compensación económica, pero hasta la fecha no ha recibido ninguna. Mientras tanto, este mexicano sigue reconstruyendo su vida y buscando mantener su independencia, recordando que su historia es un ejemplo de resistencia y esperanza frente a la injusticia.
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