El alargamiento de extremidades, una técnica desarrollada originalmente para corregir malformaciones y problemas ortopédicos, hoy se ha convertido en una tendencia estética que gana terreno en distintas partes del mundo. Clínicas como el Instituto Ortopédico y de Columna Paley han reportado un aumento en la demanda, especialmente de adultos que buscan ganar estatura por razones personales o de autoestima.

El procedimiento no es sencillo ni rápido. Consiste en fracturar de manera controlada el fémur o la tibia y colocar dispositivos internos que separan el hueso milímetro a milímetro durante varios meses, permitiendo que el cuerpo genere nuevo tejido óseo. En promedio, puede lograrse un aumento de hasta 7.5 centímetros por cirugía.
Pero ojo 👀, no todo es tan simple como “crecer y listo”. La recuperación es larga y dolorosa, puede requerir fisioterapia intensiva y existe riesgo de infecciones, daño nervioso, problemas de consolidación ósea o limitaciones en la movilidad. Además, el costo oscila entre 70 mil y 150 mil dólares en Estados Unidos, lo que lleva a algunos pacientes a buscar opciones en otros países, con riesgos médicos adicionales.

Especialistas advierten que aún faltan estudios amplios sobre los efectos a largo plazo cuando se realiza con fines exclusivamente estéticos. Más allá del impulso por ganar centímetros, médicos recomiendan una valoración psicológica y médica integral antes de tomar una decisión que implica meses de recuperación y posibles complicaciones.
Crecer sí se puede… pero no sin consecuencias.

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