En pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, la presidenta Claudia Sheinbaum fue víctima de acoso sexual cuando un hombre se le acercó, la tocó sin consentimiento e incluso intentó besarla mientras ella caminaba entre simpatizantes rumbo a un evento oficial cerca de Palacio Nacional. Lo ocurrido quedó registrado en videos difundidos en redes sociales y medios, lo que desató críticas inmediatas por la falta de protocolos de seguridad que deberían resguardar a la mandataria.

El individuo, identificado posteriormente como Uriel Rivera, aprovechó la ausencia de intervención oportuna de los elementos de seguridad para pasar su brazo por encima del hombro de Sheinbaum, tocar su cadera y pecho, e intentar besarla en el cuello. Solo después de varios segundos, un integrante de la Ayudantía Presidencial reaccionó y retiró al agresor, quien mostraba aparente estado inconveniente. Esta tardanza dejó en evidencia serias deficiencias en el cuidado de la figura presidencial, especialmente en eventos públicos abiertos.
Pese a la gravedad del hecho, Sheinbaum reaccionó con calma, incluso accediendo a tomarse una fotografía con el agresor antes de continuar su recorrido. Su actitud generó opiniones divididas: algunos la interpretaron como un gesto de templanza, mientras que otros señalaron que minimiza una agresión que afecta a millones de mujeres y que contradice el discurso oficial sobre combate a la violencia de género. Resulta preocupante que, aun con un gobierno que presume priorizar los derechos de las mujeres, ni siquiera la presidenta está protegida de estas agresiones.
Horas más tarde, autoridades confirmaron la detención de Rivera y su puesta a disposición de la fiscalía especializada en delitos sexuales. La secretaria de las Mujeres, Citlali Hernández, condenó los hechos y criticó la cultura machista y la normalización de estas conductas. Sin embargo, el pronunciamiento llega en un contexto donde las cifras de violencia contra mujeres siguen siendo alarmantes y las respuestas institucionales continúan siendo insuficientes.
Este episodio no solo expone la vulnerabilidad de la mandataria, sino también la contradicción entre el discurso federal y la realidad del país. En México, siete de cada diez mujeres mayores de 15 años han sufrido algún tipo de violencia, según ONU Mujeres. Además, sumando feminicidios y homicidios dolosos, cada día son asesinadas en promedio diez niñas o mujeres. El caso Sheinbaum se convierte así en un símbolo incómodo de un gobierno que promete protección pero no logra garantizarla ni a su propia presidenta.
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