Desde que comenzó la crisis en Venezuela, no se ha dejado de hablar de un posible ataque militar de Estados Unidos. Y no es algo nuevo: en 2017, Donald Trump mencionó que la acción militar podía ser una opción “si era necesaria”.

La preocupación volvió a subir en agosto de este año, cuando EE.UU. envió buques de guerra al Caribe Sur para interceptar embarcaciones sospechosas de transportar drogas desde Venezuela. Ahora, la tensión escaló con la orden de bloquear totalmente los petroleros sancionados que entren o salgan del país sudamericano. Esta medida llegó apenas una semana después de que Washington incautara un petrolero frente a las costas venezolanas, marcando un nuevo capítulo en la presión contra Caracas.
Desde la Cancillería venezolana acusaron a Trump de intentar imponer “un supuesto bloqueo militar naval con el objetivo de robar las riquezas de nuestra patria”. Pese a esto, la mayoría de países latinoamericanos se oponen a cualquier intervención armada, aunque varias islas del Caribe han dado apoyo logístico a EE.UU.
La historia de intervenciones militares estadounidenses en América Latina es larga y, según un estudio de Harvard de 2005, entre 1898 y 1994 EE.UU. intervino en 41 ocasiones, con la intención de influir directamente en gobiernos locales. Esto generó resentimiento en la región y cuestionamientos sobre el compromiso de la primera potencia con la democracia.

Algunos ejemplos históricos destacados:
Cuba: En 1898, durante la guerra de independencia contra España, EE.UU. intervino tras el hundimiento del acorazado Maine. El gobierno militar estadounidense duró cuatro años, hasta que Tomás Estrada Palma asumió la presidencia. Nuevas intervenciones ocurrieron en 1906 y 1917 por crisis internas.

Panamá: En 1903, la intervención estadounidense fue clave para separar Panamá de Colombia y permitir la construcción del Canal de Panamá, cediendo EE.UU. 16 km. a perpetuidad. En 1989, bombardearon Ciudad de Panamá para capturar a Manuel Noriega, dejando entre 500 y 4,000 civiles muertos.
Nicaragua: Entre 1910 y 1933, EE.UU. intervino repetidamente para proteger sus intereses, desde apoyar al presidente Juan José Estrada hasta enfrentarse al guerrillero Augusto César Sandino. Durante años, mantuvo influencia directa sobre el país, respaldando gobiernos y creando la Guardia Nacional.
México: En 1914, tras el Incidente de Tampico, EE.UU. ocupó Veracruz para proteger sus inversiones y apoyar al ejército constitucionalista de Venustiano Carranza durante la Revolución.

Haití y República Dominicana: EE.UU. intervino militarmente en Haití desde 1915 hasta 1934 y en República Dominicana desde 1916 hasta 1924. Décadas después, la CIA estuvo implicada en el asesinato de Rafael Trujillo en 1961, lo que abrió paso a elecciones en 1962 y a nuevas tensiones internas apoyadas por Washington.
Guatemala y Granada: En 1954, EE.UU. orquestó un golpe de Estado en Guatemala para derrocar al presidente Jacobo Árbenz, mientras que en 1983 invadió Granada tras un golpe de Estado que puso al poder a Hudson Austin, justificando la acción por la presencia de estudiantes estadounidenses y supuestas instalaciones militares.
Estos antecedentes muestran cómo la primera potencia mundial ha usado la fuerza militar o la presión directa para influir en gobiernos latinoamericanos, y explican por qué la idea de una intervención en Venezuela genera tanto debate y preocupación hoy.
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