Dicen que el dinero no cae del cielo, pero un grupo cada vez más grande de aventureros está demostrando que, a veces, sí… aunque en forma de meteoritos. Estas personas recorren el mundo buscando piedras extraterrestres que, además de tener valor científico, se han convertido en un negocio bastante lucrativo.

Entre ellos está Roberto Vargas, estadounidense hijo de inmigrantes puertorriqueños, quien en 2021 dejó su trabajo para dedicarse por completo a rastrear meteoritos por el planeta. “En cuanto algo cae, es hora de ponerse en marcha”, contó a The Documentary Podcast de la BBC.
Su historia empezó por pura curiosidad. “Pensé que una persona normal no podía tener un meteorito, así que cuando tuve uno, me emocioné muchísimo”, relató. A partir de ahí comenzó su colección, y cuando en 2019 se enteró de que uno había caído en Costa Rica, decidió ir tras él. Aunque no lo encontró, sí logró comprar varios y decidió venderlos para financiar su aventura. El resultado fue inesperado: ganó más de 40 mil dólares en solo unos días.

Con el tiempo, Vargas dejó su trabajo como terapeuta, donde ganaba entre 50 y 60 mil dólares al año, para dedicarse a tiempo completo a cazar rocas del espacio.
Pero él no está solo en esto. Otro personaje clave es Darryl Pitt, un fotógrafo musical que se transformó en comerciante de meteoritos. Su fascinación comenzó cuando de niño visitó un cráter en Arizona. Años después, compró su primer meteorito en un evento de gemas y minerales, y decidió entrar de lleno al negocio, organizando subastas que hoy venden piezas por millones de dólares.
¿Qué hace que un meteorito valga tanto?
Según la profesora Sarah Russell, del Museo de Ciencias Naturales de Londres, un meteorito es básicamente “una roca que aterrizó en la Tierra”, aunque antes de cruzar la atmósfera se conoce como meteoro. Su valor depende de tamaño, rareza, procedencia y composición. Algunas piezas se venden por centavos el gramo, mientras que otras, como un meteorito marciano de 24 kilos subastado por 4,3 millones de dólares en Sotheby’s Nueva York, alcanzan cifras astronómicas.
Para identificarlos, los meteoritos suelen tener una corteza de fusión única y ser más pesados que las rocas comunes. Hay tres tipos: piedra, hierro o una mezcla de ambos.

Un comercio que genera debate.
No todos ven con buenos ojos este negocio. El meteorito marciano vendido en Nueva York fue encontrado en Níger y su venta levantó dudas sobre la legalidad de la operación. Según Idi Umuru Amadou, director del Departamento de Arqueología de la Universidad Abdu Mouni, es necesario verificar permisos y autorizaciones, ya que sacar rocas del país sin ellas podría considerarse saqueo.
Las leyes varían según el país. En Australia, por ejemplo, la exportación de meteoritos está muy regulada, mientras que en el Reino Unido no existen reglas específicas.
Las chicas que también buscan estrellas.
No todos buscan meteoritos por dinero. En América Latina, las “Azmeteóricas”, un grupo de científicas brasileñas, se trasladan a desiertos, selvas o ciudades para asegurar que estas rocas terminen en instituciones científicas. “Dejamos lo que estamos haciendo y nos ponemos a buscar este nuevo meteorito. Ser las primeras marca la diferencia”, dice la meteoróloga Amanda Tosi.

Russell coincide en que el comercio no debe prohibirse, pero sí regularse para que los meteoritos importantes no se pierdan y puedan ser estudiados, ya que estos objetos nos ayudan a entender nuestro sistema solar y el espacio exterior.
Vargas defiende su trabajo: “Sí, tenemos motivación económica, pero también científica. Queremos que estas rocas estén en manos de expertos y sean cuidadas y estudiadas”.

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