Dick Eastland fue más que el dueño del #CampamentoMystic en #Texas; fue un #guardián que durante años avisó sobre el #peligro real y latente del río Guadalupe, un río hermoso pero con un carácter traicionero que él conocía muy bien, pues vivía y trabajaba justo a sus orillas.

No era la primera vez que las aguas del río causaban estragos en el campamento. En una ocasión, hasta su esposa, embarazada, tuvo que ser evacuada en helicóptero cuando las crecidas aislaron el lugar. Pero la advertencia más fuerte se dio en 1987, cuando 10 niños de otro campamento cercano murieron arrastrados por las aguas furiosas del Guadalupe.
Dick no se quedó de brazos cruzados: formó parte de la junta de la autoridad del río y fue pieza clave para instalar un sistema de alertas que debía avisar cuando el río se desbordara. Sin embargo, esa tecnología que parecía ser la solución quedó olvidada con el tiempo. Para 1999 el sistema fue cerrado por fallas y falta de mantenimiento, y aunque hubo intentos por actualizarlo con sirenas y más sensores, la falta de presupuesto y la resistencia local dejaron todo en pausa.

El Campamento Mystic también tenía una historia larga con las inundaciones. Desde 1932, cuando las aguas arrasaron varias cabañas y pusieron a los campistas a cruzar el río en canoas, pasando por los daños graves en 1978 y la evacuación en helicóptero de la esposa de Eastland en 1985, hasta la tragedia del 4 de julio pasado que terminó con la vida de 27 personas, incluido el propio Dick, quien murió intentando salvar a sus chicos.
Lo más duro es que algunas de las cabañas más afectadas estaban ubicadas en zonas que el gobierno federal había identificado como de alto riesgo de inundación, zonas en las que los edificios deberían haberse reubicado o protegido mejor. A pesar de esto, nunca se tomaron medidas suficientes para mudarlas o adecuar el campamento ante el peligro inminente.
El nieto de Dick, George Eastland, dejó un mensaje que resume todo: “Si no iba a morir de causas naturales, esta era la única manera: salvar a los niños que tanto amaba y cuidaba”. Y aunque Dick ya no está, su legado seguirá vivo en todos los que disfrutaron veranos mágicos en Mystic y en quienes luchan por un futuro más seguro.

Mientras tanto, el condado de Kerr sigue sin un sistema de alerta robusto que pueda avisar a tiempo de crecidas peligrosas, a pesar de que proyectos para instalarlo han sido frenados por falta de dinero y apoyo.
Dick Eastland no solo fue un administrador del río; fue un héroe que pagó con su vida por proteger a los suyos. Mystic, ese lugar de ensueño para tantos, está ahora de luto, pero también con la oportunidad de aprender y no repetir errores.
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