LO ESENCIAL
Los centros de estafa en todo el mundo generan aproximadamente US$1 billón anuales en rentas ilegales, una cifra cercana al 1% del Producto Interno Bruto mundial, según un informe de la Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional. La investigación documentó operaciones en al menos 25 países, incluyendo cuatro latinoamericanos: Brasil, Colombia, El Salvador y República Dominicana.
En Brasil, los centros de estafa funcionan en pequeñas oficinas ubicadas en zonas suburbanas de São Paulo y Río de Janeiro. También operan en casas de campo y alojamientos reservados a través de plataformas como Airbnb. Los estafadores utilizan sus propios routers y computadoras portátiles, permaneciendo menos de una semana en cada ubicación para evitar la detección de sus direcciones IP por parte de las autoridades.
CONTEXTO
La fuerza laboral de estas operaciones brasileñas oscila entre 30 y 40 personas. Gran parte del personal es reclutada mediante grupos de Telegram que prometen empleos legítimos en telemarketing, mientras que otros ingresan por contactos personales con la red criminal. Las plataformas de apuestas en línea del país, el tercer mercado más grande del mundo, sirven para blanquear las ganancias ilícitas.

En Colombia, la modalidad difiere radicalmente. Los centros de estafa operan desde el interior de cárceles, específicamente en los penales de La Picota y La Modelo en Bogotá, Combita en Tunja, Picaleña en Ibagué, Villa Hermosa en Cali y Pedregal en Medellín. Esta información surge de entrevistas a actores clave que permanecen en anonimato.
EN PERSPECTIVA
Las operaciones colombianas son integradas: combinan estafadores recluidos con redes de intermediarios, cobradores, proveedores de teléfonos móviles y administradores de bases de datos que operan desde fuera de los muros. Estos últimos facilitan contactos y datos personales de las víctimas. Una característica distintiva es que los centros practican no solo estafas sino extorsiones, principalmente dirigidas a comerciantes, con apoyo de vigías que operan en las calles.
La investigadora Kristina Amerhauser, especialista en flujos financieros ilícitos de la organización, señaló que los proveedores de servicios delictivos han reducido las barreras de entrada a esta industria. Actualmente, cualquier persona puede adquirir en internet datos, guiones y software necesarios para cometer fraudes.
Etiquetas: criptomonedas, fraude, delincuencia organizada, Brasil, Colombia, extorsión, lavado de dinero, cárceles
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