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De cantar con hambre a brillar en #Suiza: la historia del #Tenor venezolano que no se rindió.🎶✨

Zúrich está fría, pero la voz de Luis Magallanes calienta escenarios. Con bufanda al cuello y rumbo a la estación Stadelhofen, el tenor venezolano —hoy integrante del coro de la Ópera de Zúrich— sonríe y lanza una frase que lo dice todo: “El sol de Venezuela es mucho más azul”.

Hace siete años, su realidad era otra. Aunque tenía trabajo, el sueldo apenas alcanzaba para comer ese día. El hambre, la inflación y la incertidumbre lo empujaron a pensar en abandonar su sueño de cantar ópera y migrar a Argentina para trabajar en una carnicería. Pero decidió intentarlo una vez más.

Un mensaje que cambió su destino.

Desde Zaraza, Guárico, Luis apostó todo a un acto de fe: escribirle por Facebook a la pianista venezolana Gabriela Montero. Ella, con agenda internacional y fama mundial, tardó en responder… pero cuando lo hizo, pidió escuchar su voz.

Luis solo tenía a la mano un audio casero: “Un’aura amorosa”, de Così fan tutte de Mozart. Bastó eso. Montero y su esposo, el barítono Sam McElroy, quedaron impactados. “Tenía algo que no se puede enseñar”, recuerdan.

Un video, un piano y mucha solidaridad.

Para grabar el video que le pidieron, Luis tuvo que viajar a Caracas. Familia y amigos juntaron lo poco que tenían: pasajes, un espacio con piano, comida para dos días. Con ese material, Montero y McElroy lanzaron un crowdfunding y reunieron 6 mil euros para llevarlo a audiciones en España.

El 4 de mayo de 2018, Luis salió de Venezuela. El avión despegó y entendió que quizá no volvería pronto.

No fue fácil… pero tampoco el final.

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En Valencia no ganó la beca. La crisis había dejado huella en su cuerpo. El golpe fue duro. Entonces apareció otra puerta: una beca en Irlanda, que también parecía perdida cuando le negaron la visa.

De nuevo, un acto improbable: Sam escribió al ministro de Justicia de Irlanda, Charlie Flanagan. El funcionario lo recordaba de su época en la ópera… y ayudó. Visa concedida.

Zúrich, el presente.

Tras dos años en Dublín, la Opernhaus de Zúrich lo escuchó y le ofreció un puesto fijo. En 2020 se mudó a Suiza. Meses después, su esposa Dayana logró reunirse con él. Hoy viven juntos, agradecidos y con un nudo en la garganta por quienes se quedaron en Venezuela.

Luis ya ha cantado en Italia, ha tenido participaciones como solista en Zúrich y sigue creciendo. “Soy tenor agudo, y eso me lo dio la música del llano”, dice orgulloso.

Al final, cuando canta, parece que levanta casas con la voz. Como en Zaraza. Como si la música también fuera una forma de volver a casa. 💙🎤


👉 Esta no es solo una historia de ópera, es de terquedad bonita, de comunidad y de no soltar los sueños, ni cuando el estómago duele.

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Autor Redacción Amaneciendo

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