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¡De #Misuri a #Irán sin escalas! Así fue el maratónico viaje de los #B-2 para tirar bombas antibúnker. 😱✈️

Imagínate esto: 37 horas sin parar en el #aire, despegando desde #Misuri y lanzando más de 27 toneladas de explosivos sobre uno de los objetivos más blindados de #Irán. Así fue la misión de los bombarderos B-2 que atacaron el sitio nuclear de Fordow, en una operación tan precisa como intensa.

Los protagonistas de esta hazaña fueron los temidos B-2 Spirit, cada uno piloteado por una tripulación de dos personas. En esta ocasión, cargaban algo que nunca antes se había usado en combate: las bombas GBU-57 Massive Ordnance Penetrator, unas bestias de 13.600 kilos cada una, diseñadas especialmente para penetrar estructuras bajo tierra.

Aunque estos aviones ya tienen historia en misiones como las de Kosovo, Irak, Afganistán y Libia, este vuelo fue muy distinto. No solo por la potencia del armamento, sino porque fue probablemente la primera vez que algunos pilotos lanzaban bombas reales desde un B-2. Y vaya debut.

Según contó el teniente general retirado Steven Basham, todo se ensayó hasta el último detalle. Los pilotos pasaron horas y horas en simuladores que reproducen la cabina exacta del avión. También realizaron vuelos de práctica sobre maquetas que imitaban al escondido complejo de Fordow, enterrado en una montaña.

Ya en la misión real —que tuvo lugar la madrugada del domingo en Irán—, los pilotos sintieron cómo se abrían las compuertas metálicas del compartimento de armas. Ese momento cambia la forma del avión y lo vuelve más vulnerable al radar enemigo. A pesar del riesgo, ninguna defensa iraní disparó contra los B-2 ni contra los F-35 que los escoltaban, según reportes del Pentágono.

Uno de los puntos más impactantes fue el momento de la liberación de la carga. Cuando las bombas salieron del avión, el B-2 se elevó brevemente por el cambio de peso. “Me encantaría saber qué sintieron los pilotos en ese instante”, confesó Basham.

No todo fue acción. También hubo que pensar en lo humano: la cabina del B-2 tiene espacio para un retrete y una colchoneta para dormir. En trayectos tan largos, uno se estira como puede y se alimenta con lo más práctico posible. “Muchos preferimos llevar sándwiches y beber muchísima agua”, recordó Basham.

La experiencia de volar más de 30 horas sin descanso no es nueva, pero sigue siendo surreal para muchos. Ya desde la guerra de Kosovo, los pilotos bromeaban con que podían entrar en combate y regresar a tiempo para recoger a sus hijos del entrenamiento de fútbol.

Hoy, hay todo un equipo médico y de especialistas en la Base Whiteman que prepara a los pilotos para misiones tan largas. Desde ajustar sus horarios de sueño hasta ayudarlos a mantener su cuerpo en buen estado durante tantas horas sentados.

Por supuesto, después del ataque, el ejército y la inteligencia de EE. UU. se concentraron en evaluar los daños en Fordow y también en el impacto psicológico sobre los líderes iraníes.

Para el vicepresidente JD Vance, el mensaje fue contundente:

“Esperamos que los iraníes hayan aprendido la lección: podemos cruzar medio mundo con una bomba destructiva sin ser detectados, sin pisar tierra, y acabar con cualquier instalación nuclear que levanten”.

¿Te lo imaginas? Desde tu baño en Misuri directo al combate en Irán, soltar bombas que atraviesan montañas y regresar en menos de dos días. Así se escribe una página más del poderío aéreo de EE. UU. ✍️🇺🇸

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Autor Redacción Amaneciendo

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