Abrir el #refrigerador y ver fechas por todos lados puede ser un verdadero dolor de cabeza. #Yogur que aún parece bueno, salsa que “ya pasó su mejor momento”… ¿qué hacemos? La realidad es que esas fechas casi nunca son sobre #seguridad, sino sobre sabor y frescura.

En Estados Unidos, hay unas 50 formas distintas de marcar los alimentos: “consumir antes de”, “vender antes de” o “envasado el”, y la mayoría solo indican cuándo la comida empieza a perder calidad. Solo los alimentos para bebés tienen etiquetas estandarizadas y reguladas por el gobierno. El resto queda en un limbo que genera mucha confusión.
El problema no es menor: cada año se tiran 3 mil millones de kilos de comida solo por no entender las fechas, según la organización ReFED, especializada en desperdicio de alimentos.
¿Por qué tanto lío? Desde mediados del siglo XX, los productos envasados empezaron a mostrar fechas para que la gente supiera si eran frescos, pero cada empresa decide cómo calcular esas fechas, y las metodologías varían mucho. Algunas usan modelos matemáticos, otras pruebas de almacenamiento o incluso exposición a moho o patógenos. Resultado: dos productos casi iguales pueden tener fechas totalmente diferentes.

El tema se complica aún más por las leyes estatales, que varían un montón. Por ejemplo, Montana exige que la leche tenga fecha hasta 12 días después de pasteurizarla, mientras Pensilvania permite 17 y Nueva York… ni siquiera requiere etiqueta. Lo mismo pasa con huevos, mariscos o encurtidos caseros. “Esto genera confusión y caos”, dice Yvette Cabrera, experta en residuos alimentarios.
Y no solo confunde a los productores: los consumidores también tiran comida que quizá aún está buena. Según una encuesta de 2025, el 43% de las personas bota alimentos cerca de la fecha límite.
Entonces, ¿estamos siendo estafados? Para nada. Las fechas no son un truco para que compres más, sino el resultado de un sistema desordenado. La mayoría de los alimentos pueden consumirse después de la fecha sin problemas de salud, aunque sí conviene fijarse en productos muy perecederos: carne, mariscos, leche y queso no pasteurizados, y alimentos infantiles o preparados en tiendas.
Algunos datos útiles: los alimentos congelados duran hasta un año, condimentos y conservas cerradas varios años, huevos de 3 a 5 semanas, y lácteos de 1 a 3 semanas después de abrirlos. Carne cruda y aves deben consumirse en casa en 1-2 días para pollo y 4-5 días para carnes rojas, y el refrigerador debe estar bajo 4°C.
La buena noticia: a partir de julio, California simplificará las etiquetas a solo dos opciones: “consumir preferentemente antes de” (calidad) y “consumir antes de” (seguridad), y el Congreso estudia algo similar a nivel federal. Mientras tanto, lo mejor es usar el sentido común y no estresarse demasiado al mirar la fecha en el envase.
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